El hecho de que Mi Amiga la Prepago le pagara las dos últimas cuotas de la camioneta al portugués como regalo de Navidad había generado una incomodidad en las conversaciones de estos días decembrinos en el gimnasio.
Realmente nos vimos poco; yo estaba de vacaciones, por lo que iba a entrenar un pelo más tarde en la mañana. Ella entraba y salía del gimnasio haciendo shows navideños con su grupo de “amigas”: cantaban gaitas, repartían pan de jamón, bailaban borrachas entre las máquinas… todo un derroche de adolescencia.
Recuerdo que a principio de semana mientras Mi Amiga la Prepago entrenaba con el portugués me escribió por WhatsApp y me dijo lo del regalo.
De una abrió el chat diciéndome que ella estaba segura de que yo lo había hecho alguna vez o que de seguro lo haría si estuviera enamorado, y no hay nada que me molesta más que me predispongan a una respuesta; Mi Amiga la Prepago sabía que le iba a armar un peo por eso, pero bueno… Yo la vi de lejos, recogí mis cosas y me fui. Su venganza solo una máscara.
Anoche me escribió para decirme que se iba “a Puerto” a pasar las fiestas con su familia y que el portugués la alcanzaba luego de las navidades. Quise llamarla para armarle su peo pero después pensé que tal vez Mi Amiga la Prepago estaba, al igual que muchos, buscando un último rayo de luz que iluminara de felicidad los últimos días del año. Las soledad en Navidad es una vaina muy arrecha.
Le escribí un mensaje súper pavoso que me aguó el guarapo y unos “textos” después ya estábamos de nuevo en joda como siempre. Me da cosita no ver a Mi Amiga la Prepago hasta enero, siento que ella era como mi escape.