Mi Amiga La Prepago al rescate

El jueves tuve una reunión de trabajo por El Marqués. Entrené en la mañana e invité a Mi Amiga la Prepago a que me acompañara sólo por ese día ya que estábamos entrenando en la noche. “Me da ladilla Italiano ¿madrugar pa’ ponerme más buena de lo que estoy? ¡no bebé! ya yo estoy divina, iré en la noche como siempre si es que no me salé un viajecito sorpresa”. Entrené solo, como siempre, porque cuando entrenamos juntos entre los escoltas y los carajos que se la quieren coger, es como si no estuviera.

Salí de la oficina y fui a la reunión. Se extendió un poco y salí como a eso de las 7 de la noche, iba rumbo a mi casa cuando me estacioné es una cola. Pasé como media hora ahí y decidí recortar camino; comencé a seguir a varios carros que se metieron por una calle, rodé bastante rato hasta que la caravana de automóviles que seguía se fue saliendo en diferentes lugares, seguí solo teniendo el Ávila siempre a un lado y de repente me encontré perdido en un barrio.

Las calles eran cada vez más pequeñas y solitarias, no había nadie en ellas, seguía rodando y me sentí manejando en círculos. Se me comenzó a acelerar la respiración, comencé a temblar como un chivo cuando presiente que lo van a matar.

Me dicen que soy bastante creativo y que imagino cosas con mucha facilidad; vi mi muerte reseñada en los diarios del viernes unas 16 veces. Estaba demasiado nervioso. No tenía control de mi, simplemente pisaba el acelerador y cambia las velocidades. Pregunté a varias personas cómo llegar a la autopista o a la Francisco de Miranda y todos respondían lo mismo “No soy de aquí pana”. ¿En serio? ¿“No soy de aquí pana”? ¡Entonces que coño hacen por ahí!.

Seguía a autobuses y cada vez más entraba en el barrio. Estaba Petare adentro, con cara de asustado y lleno de miedo. Lancé todas mis pertenencias atrás, le bajé la luz de la pantalla al iPhone e intenté ver Google Maps pero no tenía señal. No podía llamar, no podía enviar mensajes, estaba incomunicado. Seguí rodando sin rumbo fijo y con la mente desorbitada, estaba sin control. El barrio se comenzó a transformar en una especie de urbanización con subidas muy empinadas, no me sentía en Caracas. Ya no había carros, ni personas, ni luces encendidas; comencé a llorar.

Parecía un niño que se cayó y raspó las rodillas, lloraba y lloraba y hacía pucheros como un bebé. Me detuve sin esperanzas, ya no podía seguir rodando porque llevaba una hora cagándola.

Me paré delante de un edificio en el medio de una calle, era el único que tenía bombillo en la puerta, puse el freno de mano e imaginé lo peor. Volví a revisar el celular y nada, lo puse en Modo Avión y nada, lo prendí y lo apagué y seguía igual. Pensé en bajarme, tocar algún timbre, pedir ayuda, recé un Padre Nuestro y de repente comenzó a sonar el celular. Me temblaban las mano, me costó contestar, ni siquiera vi quien era, sólo dije ¿Aló?.

“Italiano ¿por qué no viniste a entrenar?”. Tranqué la puerta del carro y me volví loco, lloraba con una jeva, daba pena ajena. Era ella, no lo podía creer, me traté de calmar, ella se alarmó burda “¿Qué coño te pasa? ¿Dónde estás?”. Le dije que estaba perdido, que no sabía en que lugar estaba. “No te muevas, quédate ahí que ya voy para allá” trancó.

Me calmé un poco pero me volvieron lo nervios al descubrir que no me agarra de nuevo la señal y que ni siquiera le dije como llegué hasta ahí. ¿Cómo iba a saber donde estaba? Era imposible que me encontrara.

Seguí rezando como un loco, me arrepentí de todos mis pegados e intenté calmarme, habían pasado unos 10 minutos cuando escuché el sonido de unas motos. Estuve a punto de orinarme del miedo, las motos venía hacía a mi, eran 4. Mientras más cerca estaban menos velocidad tenían, se detuvieron al lado del carro, me dije a mi mismo, chamo aquí fue.

“Italiano soy yo, baja el vidrio”. No saben todo lo que sentí. Su voz fue un canto angelical. Abrí la puerta, me bajé y me abrazó. “Ya pasó bebé, estoy aquí contigo”.

Me monté con ella en la parte de atrás del carro, uno de sus escoltas comenzó a manejar, me dio agua y le pregunté que como me había conseguido. “Hay algo que tu nunca has entendido y es que tú y yo tenemos una conexión especial Italiano, yo siempre voy a saber dónde y cómo estás…” Bajé el vidrio, ella siguió hablando, necesitaba aire.

Deje de escucharla por un momento y comencé a pensar en frío todo lo que había pasado; la llamada inesperada de La Negra cuando no tenía señal, la llegada veloz, ¿en serio tenemos una conexión? En los últimos meses no he hecho más que odiarla por puta, por nueva rica, por estúpida; no soportaba a su novio bolichico, ese nuevo estilo de vida, los 6 escoltas, las ínfulas, está más Prepago que nunca, lo cuentos de la orgías, las coca, las fotos en el yate desnuda…

Me recostó en sus hombros y en un instante llegamos a mi casa. Se recordaba perfectamente en donde vivía. No tenía palabras para agradecerle, no me salía ni aire de la boca, le di un beso, ella me sonrió y se montó en una de las 3 motos que nos escoltaban.

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Mi Amiga La Prepago y sus varios escoltas.

Mi Amiga la Prepago volvió. Así como vuelve la luna llena, así como vuelve la regla, así como vuelven las ganas desesperadas de vivir mejor, de ser otra persona, de lograr lo que tanto se quiere. Mi Amiga la Prepago se va y viene sin avisar; como el frío en la noche, como la tristeza en medio de un suspiro, como los recuerdos de momentos de felicidad vividos que nunca volverán.

Lleva días entrenando en el gimnasio, creo que ya cumplió las dos semanas y aún no doy por sentado que está aquí de nuevo entre nosotros. Se pasea y sonríe como si no se hubiese tirado a medio gimnasio, besa suavemente los cachetes de todos los que le pican el ojo como si esos labios no hubieran mamado cuanto webo se le atravesaba.

Regresó triunfante, como siempre; con unos cuatro kilos menos, tal vez por la cocaína, los trasnochas y las fiestas, con el cabello largo, muy largo y negro azabache, que hace que sus ojos falsamente azules te apunten como pistolas listas para robarte la vida.

Me trajo un montón de regalos, como si se hubiese ido de viaje, todos estos días me he estrenado ropa y zapatos, y todavía me quedan piezas nuevas, me pagó seis meses de gimnasio, varios potes de proteína en polvo y hace que uno de sus tantos escoltas me acompañe hasta mi casa.

Ya no es La Negra de antes, o si lo es pero anda disfrazada la muy puta. Ya no se tira al dueño del gimnasio por interés ni a los entrenadores, ya no le hace sexo oral en el baño a nadie, no puede, los escoltas no la dejan sola ni un momento. Atrapó a un pez gordo y ahora disfruta de su victoria luciendo todo lo que tiene y dando dádivas diestra y siniestra.

Me pregunto si todo esto son grandes limosnas o es que nos está comprando. Ahora que se compró una mansión, una avioneta, cinco camionetas con diez escoltas, muchos relojes, zapatos y ropa, decidió comprarse unos amigos.

Me da ladilla escucharla. Sus cuentos de Negra millonaria me dan nauseas. Ella llega muy digna como si nada hubiera pasado y nos pone unos parchecitos en los ojos para que no veamos hacia atrás. Nos ahoga con regalos y cuentos y fotos en Saint Barths. Me nubla los sentidos. He perdido el olfato, ahora huele a Cartier y no es posible apreciar otro aroma con ella al lado. Su voz, su presencia, su cuerpo exuberantemente abultado me ahoga.

“¡Me encanta volver a reencontrarme contigo Italiano!” y me gasta la pila del celular escribiéndome por WhatsApp y mandándome fotos cada dos minutos de las pantaletas, del sostén, recién levantada, en la tina de baño, del desayuno, de las rumbas, de novio bolichico durmiendo a su lado…

Hace que quiera otras cosas para mi futuro, me hace cuestionar mis visualizaciones sencillas en las que ser feliz era el ideal.

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El Club de los Corazones Rotos de Mi Amiga La Prepago

Las continuas desapariciones de Mi Amiga la Prepago me hacían sentir miserable.

Está con un hombre, lo cambia, se enseria, se embaraza, decide formar una familia, desaparece, vuele al gimnasio, se tira al nuevo entrenador, se embaraza, se desaparece, se mete a santera, decide convertirse en judía pero se reencuentra con la Rosa Mística en el proceso. Toma la decisión de correr maratones y se tira a la mitad de los runners de Los Palos Grandes. Se deprime y decide reencontrarse con su familia, comete incesto queriendo formar una familia con su medio hermano, se vuelve a embarazar, aborta, se tira al médico después del aborto, los descubre un enfermero y hacen un trío. Se enamora del médico, se muda con él y comienza a tirarse al hijo del médico; la botan de la casa, destruye otra familia, la tercera del mes; vuelve al gimnasio y le hace sexo oral al dueño para no tener que pagar el mes y termina tirando con él…

Ella va y viene, cambia de vida como de pantaletas, se adapta a las situaciones transformándose totalmente, interpretando a mujeres diferentes con metas diferentes, mas que un Prepago es una actriz; mientras que yo, en el público, vivo una vida aburrida que intenta girar entorno a ella porque es lo más emocionante que me ha pasado en años. Soy un hombre más de los que usa, y ella para mi lo es todo.

Después de dejar a Elías sé que estuvo con uno de éstos que llaman bolichicos; esos que tienen un poco de cables encima de lo enchufados que están. Me enteré en los pasillos del gimnasio que había abortado el bebé que “con amor” había gestado con el árabe, dejando a su propia familia en una ruina emocional. Elías es su medio hermano y el papá y los otros hermanos la amaban con pasión y locura; tanto así que haberse embarazado los había llenado de felicidad.

La Negra, como en cada nueva etapa de su vida por no decir con cada nuevo hombre, cambia el celular. Los entrenadores del gimnasio y el dueño, bastante panitas, me echaban los cuentos que les llegaban y con suspiros extrañaba aquellos días en los que compartíamos cuentos, entrenábamos juntos, nos burlábamos de todo el mundo… éramos amigos.

La vaina con el bolichico no había resultado tan bien. Me contaron que se mudó con el chamo a La Lagunita, que se tiñó de rubia, que vivía de fiesta en fiesta; que conoció todas las islas del Caribe en la avioneta del enchufado, le compraron relojes caros, ropa de marca… también supe que los regalos eran forma de pago de los shows que tenía que hacer, junto a la otras novias, en la fiestas donde las drogas y el alcohol sobraban. Le tocaba bailar en el tuvo, prestar sus tetas y nalgas para que se jalaran líneas de coca, hacer mamadas colectivas y demás actividades del ramo.

Nunca había sentido que Mi Amiga la Prepago cayera tan bajo por dinero o placer, la desconozco tanto que ya no sé porqué se hace tanto daño.

El horario nocturno del gimnasio estaba lleno del Club de los Corazones Rotos por La Negra. Un poco de tipos que nos habíamos unidos para pasar la falta de Mi Amiga la Prepago; ellos extrañaban sus polvos, yo su amistad. No entendía porque me había hecho parte de ese grupo pero a falta de amigos ellos me hacían bien; tampoco entendía porque ellos no se tiraban a otras carajas y yo no me buscaba a otras amigas.

La Negra es irremplazable.

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El Show del Amor

Las caminadoras y demás máquinas de cardio están en el segundo piso del gimnasio. Frente a ellas, además de varios televisores pantalla plana, hay ventanales a través de los cuales se ve la calle.

Mientras los atletas calentamos, sudamos, ejercitamos o drenamos vemos a la vente pasar por delante del gimnasio. Es una de las calles más transitadas de Chacao; la gente va y viene como si no estuviéramos allí; son felices en su pasar o tal vez nos ignoran. Siempre tengo el mismo sentimiento hacia los transeúntes que acompañan mis 45 minutos diarios de caminadora: envidia. Ellos caminan hacia algún lado sobre el asfalto, yo camino sobre una tira de caucho hacia ninguna parte.

Hoy, luego de 36 minutos sobre la escaladora mirando la gente pasar me sorprendió un gran regalo envuelto en un papel fucsia que iba siendo arrastrado sobre una base por 4 chamos. Todos los que estaban en la sala detuvieron sus ejercicios y corrieron a asomarse. El regalo media más de un metro y medio.

No me detuve para asomarme, seguí sobre la caminadora intentando sorprenderme; me detuvo un grito de Elías, que después de salir de detrás del regalo me pidió que lo acompañara a llevárselo a La Negra para que la hiciera cambiar de parecer.

Gritaba desde el otro lado de la calle, le pedí que me llamara al celular porque me parecía una falta de respeto andar gritando.

“Entonces Italiano ¿bajas y me acompañas? Neceito tu ayuda”.

– No Elías, no voy a dejar de entrenar para acompañarte a hacer un show; La Negra no quiere más regalos, quiere tu webo ¿Cuándo lo vas a entender?.

“La Negra quiere abortar Italiano y me quiere dejar ¡Ayúdame por favor!”.

– La Negra te está amenazando porque está desesperada, quiere que te la cojas bien.

Me trancó y siguió. Seguí entrenando como si nada hubiera pasado y al salir descubrí un mensaje en WhatsApp de Mi Amiga la Prepago: “No tenías porque ayudar a Elías con este show del regalo, ya la decisión está tomada”.

Suspiré. No le respondí.

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La primera, de muchas, reconciliaciones que vendrán

Entre abrir los ojos, estirar la mano, tomar el celular, ver que me llamaba un número desconocido, contestar, descubrir que era Elías (¿Cómo consiguió mi número celular?), escuchar su drama + ruegos, escribirle a mi jefe inventándole una excusa para decirle que no iba a trabajar, vestirme y bajar porque ya Elías estaba abajo de mi casa (¿Cómo supo donde vivo?) pasaron 10 minutos ¿Cuántas cosas en tan poco tiempo? No entiendo cómo pasó todo pero en un abrir y cerrar de ojos estaba ya en Boquerón 1 con Elías llorándome al lado.

“Tienes que ayudarme a que La Negra vuelva, por favor… Tienes que ayudarme a que La Negra vuelva, por favor… Tienes que ayudarme a que La Negra vuelva, por favor… Tienes que ayudarme a que La Negra vuelva, por favor…” Y hacía pucheros como un bebé; ya entiendo a Mi Amiga la Prepago cuando me dijo que necesitaba un hombre, y este tan masculino y peludo que se ve y es todo grande: las apariencias engañan.

Estaba amaneciendo y nosotros ya estábamos por Caraballeda a toda velocidad, Elías manejaba como un loco. Me olió a flores y cuando volteé en el asiento de atrás había un ramo gigante de flores y dos mariachis.

¡Ni de vaina le vas a cantar una serenata a La Negra, Elías! y menos a las 7 de la mañana, te va a mandar a comer mierda ¡Ya basta de cursilería chamo! Ella lo que quieres es que te la cojas. Dime tu ¿Cómo la enamoraste? Dándole webo hasta más no poder ¿No? ¡Bueno eso es lo que ella quiere!

Y seguía llorando como un pajúo y balbuceaba cosas que podía entender hasta que le grité: ¡Habla como un hombre mijo! Si piensas que te vas a bajar a intentarla convencer de que vuelva así llorando no la vas a ver más nunca.

“¿Con quién esta? ¡Dime por favor! ¿Está con un tipo o con una amiga?” Tuve que mentir, que mal me sentí, pero que iba a hacer, yo no soy la Comisión de la Verdad. Le dije que estaba con una amiga intentando liberarse de la presión que significa afrontar un compromiso.

Nos detuvimos delante de un edificio, Elías me pidió el favor que la llamara para decirle que estaba abajo, que la vine a sorprender ¡Vaya sopresa! pensé, cuando baje y me vea con Elías Mi Amiga la Prepago me va a matar.

“Italiano que haces llamándome tan temprano ¿Pasó algo?”

– Estoy abajo del edificio aquí en La Guaira mi Negra, vine a darte una sorpresa.

“¿Estás con Elías verdad? Dime si o no, sé sincero conmigo Italiano”

– No. Sí. No. Sí, si, si.

“Porque eres así Italiano, por qué tienes que siempre recordarme que lo estoy haciendo mal, por qué. No quiero bajar, estoy empiernada con un hombre, un verdadero hombre”.

– Baja por favor, no me dejes aquí que me van a violar, por fa’…

“Te odio Italiano, pero creo que ya recibí suficiente webo anoche (se echó a reír) ya voy a bajar pero igual quiero que Elías me ruegue y todo eso ¿Trajo mariachis y flores y drama?”

– Vino con todo.

“Por eso lo amo, recojo y bajo”

Viene bajando, le dije a Elías. Sécate la lágrimas y prepara todo el show porque estoy seguro que le va a encantar. “¡Lo sabía!” dijo emocionado y se arrodilló delante de la puerta del edificio, los mariachis comenzaron a cantar. Yo me monté en la camioneta, recliné el asiento y me arropé con un suéter que estaba ahí para intentar dormir, esta película me la sé de memoria.

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El aborto emocional de Mi Amiga la Prepago

Somos seres sumamente complejos, tanto física como emocionalmente, y no lo digo yo sino especialistas que han pasado décadas intentando entendernos y no lo han logrado; es que si ni uno mismo se entiende imagínense alguien ajeno a uno, no llevan chance.

Aprender a entenderse es difícil, estamos muy ocupados viviendo, entrenando, sonriendo, haciendo colas, aceptando a los que nos rodean; de vaina cuando cagamos o nos bañamos nos conseguimos con nuestros yo interno y como es muy poco tiempo no profundizamos, nos olvidamos conformándonos con lo superficial, los deseos más básicos, parches perfectos para las angustias y que nos ayudan a tapar una serie de calles con curvas que se conectan y entrelazan y enredan y se hacen autopistas y vuelven a ser carreteras y pasajes que unen a la mente con el corazón; por eso funcionan por separado, es muy pelúo que uno llegue al otro y asimile lo que quiere decirle.

Mi Amiga la Prepago no tiene conectado el corazón con la mente, ella tiene conectada la mente con la cuca, por eso me cuesta tanto entenderla y odio sus juicios de valor y sus consejos errados, y amo que sea tan básica y que me recuerde que mientras a ella la recorre una sola calle de arriba a abajo, a mi me atraviesan millones de caminos que hacen que mi mente no se conecte con mi corazón.

Estaba camino al gimnasio cuando Mi Amiga la Prepago me llamó alterada, iba camino a La Guaira a verse con “un amigo”, dejó a Selena con la abuela e iba autopista abajo a drenar “todo esto que me está pasando”: Elías, el compromiso, la familia de Elías, su nueva familia, el loft en Campo Alegre, una posible boda, el segundo hijo, engordar, dejar el gimnasio, depender económicamente de un hombre, etc.

¿Y no era eso lo que siempre quisiste? le pregunté y no me supo responder: que si era pero no así, que era mucho para este momento, que si era el momento pero no la etapa, que ella necesitaba menos pero a la vez quería más.

¿Quién es ese amigo al que vas a ver? ¿Vas a tirar con él? “Si Italiano, necesito que me cojan vale, Elías lo que hace es hablarle a la barriga y el webote que tiene es un adorno chico, ni se le para, se lo agarro y él lo que quiere es acariciarme la barriga y así yo no puedo”.

¿Y qué le dijiste a Elías? ¿Él sabe que te fuiste a La Guaira? “Si, le dije que aprendiera a ser hombre y me fui”.

Comenzó a entrecortársele la voz y no pudimos hablar más. Yo no pude entrenar, no dejé de pensar en nuestra naturaleza, en la fábula del sapo y el escorpión, en que “las cabras siempre tiran pal’ monte”, en que a veces deseamos cosas y el universo se pasa de pana y no las concede y no sabemos aprovecharla; además de complejos somos malagradecidos ¿por qué el corazón no hace un esfuerzo y manda un bojote de camiones al cerebro para que entienda que ser amado está bien? ¡ser amado es lo normal! que debemos ser consecuentes con lo que queremos y mantenerlo.

Sigo con la tristeza de Mi Amiga la Prepago aquí entre el pecho y la espalda, es como un vacío que pesa y que me hace sentir miserable.

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Conocí a la familia de Mi Amiga la Prepago

“Una noche especial para gente especial” fue el título del grupo de WhatsApp en el que Mi Amiga la Prepago me metió con otras y otros más para invitarme a una cena en su nueva casa.

Desde la parrilla en mi casa no habíamos hablado, me imagino que se mantuvo ocupada disfrutando de todo lo que Elías, o mas bien la familia de Elías, tenía para darle.

Mi Amiga la Prepago y Elías son medio hermanos, el papá de Elías es el papá de Mi Amiga la Prepago sólo que la mamá de Mi Amiga la Prepago la alejó de él al nacer, y él hizo una nueva vida y tiene hijos, esposa, una manicería en Chacao y mucho dinero.

La cosa es que el papá de Elía y de Mi Amiga la Prepago les regalo un apartamento en Campo Alegre, ahora Mi Amiga la Prepago tiene otro apartamento en Campo Alegre (el primero se lo regaló Fortunato); “Pero Italiano este es tipo loft y es moderno y me siento en Nueva York”, por lo que organizó un Open House para que  lo conociéramos, es decir, para que ella nos pueda restregar los feliz que es. Ustedes dirán ¡Ay que envidioso!, yo conozco mi ganado.

Salí de entrenar y caminé hasta el nuevo loft, que es a tres cuadras del gimnasio y la llamé para que me bajara a abrir. Esperé como 15 minutos en la puerta, esperar es una injusticia; cuando bajó a abrirme pegó un gritó que despertó a todo Chacao “¡Ay que bello estás Italiano! Eres lo que me faltaba esta noche para ser totalmente feliz”.

Estaba demasiado gorda, la nariz tan ancha como la cara, el culote, las tetas, ésta no sólo dejó el gimnasio sino que abrió la boca.

Me manchó los cachetes de besos rojos en el ascensor y cuando entré al apartamento, espectacular no puedo negarlo, me presentó a toda su nueva familia.

Conocí a todos los árabes que estaban, no había nadie del gimnasio, me enseñó toda el apartamento, los adornos y sus precios, me hizo probar todas la comida que la suegra-madrastra había hecho y tomar varias copas de champagna. En unos de los pocos momentos que tuve para respirar Elías se me acercó y me dio las gracias por venir “Para La Negra era muy importante que vinieras” y me abstraí de todo lo que estaba sucediendo: ¿Por qué es importante para Mi Amiga la Prepago que yo haya venido? Somos amigos, pero no soy su mejor amigo, somos amigos del gimnasio. ¿Por qué todo gira en torno a mi y no a su barriga o al mega anillo de compromiso que tiene en el dedo? ¿Qué tiene que probarme Mi Amiga la Prepago a mi con todo esto? ¿Qué quiere demostrarme?.

“En qué piensas Italiano ¿Ya la champagna te hizo efecto?”, me sacó del trance. Comenzamos a hablar en un tono distinto al de la presentación a la prensa y se notaba cansada, ahogada: lo sabía.

Nos fuimos a su cuarto, Selene estaba durmiendo en la cama, la arropó y se le sentó al lado, con el culo ocupó casi toda la cama. Comenzó a decir muchas cosas que la pusieron triste: “Esta niña si me salió buena, ha tenido tantos papas y tíos y amigos míos que se me va a hacer monja de grande. Ahora Elías de papá y también Fortunato que no me habla y esta nueva casa y cambiar de cuarto y engordé y no voy más al gimnasio y todas estás árabes enseñándome a cocinar para servir a mi hombre ¡Yo sé cómo servir a un hombre! ¡Aqui en la cama es donde se sirven a los hombres! No en la cocina ¡Ay Italiano lo que me espera!.

Y la abracé fuerte por un rato y me recordé de la fábula del escorpión y el sapo en la orilla de un río: el escorpión le rogaba al sapo que lo cruzara al otro lado y el sapo no quería porque podía clavarle el aguijón a mitad de camino y matarlo, y el escorpión le decía que si lo hacía él también se iba a morir; al final cuando lo convenció y el sapo lo pasó, en la mitad del río le clavó el aguijón, entonces el sapo se volteó a verlo y le dijo qué porqué lo había hecho y el escorpión le dijo que lo hizo porque era su naturaleza.

Acepté un papel aluminio con un poco de dulces y cosas saladas que me dieron y me fui súper deprimido del loft, es como si Mi Amiga la Prepago me hubiese dado toda su tristeza para que me la llevara y la mantuviera hasta que ella pudiera tenerla de nuevo. Pensé en cuál era realmente mi naturaleza, obviamente no es ni similar a la de Mi Amiga la Prepago pero creo que compartimos algo.

Lejos de lo que a uno le gusta, privados de poder drenar nos volvemos unos salvajes; ahí es cuando Mi Amiga la Prepago se vuelve loca y manda todo a la mierda y se tira a cuanto hombre se le atraviesa.

No he dejado de pensar en ella, no he querido escribirle, estoy muy triste para hacerlo, estoy igual que ella: solo en medio de tanta compañía.

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Mi Amiga la Prepago conoce a mi familia

“Italiano llévame a tu casa, mañana Selena se va con la vecina a un cumpleaños y no quiero quedarme sola en la casa” me dijo Mi Amiga la Prepago mientras metía el culo, que ahora estaba más gordo, en la bicicleta reclinada, “Quiero conocer a tu mamá, a tu casa, y ver a cuantos de tus primos me tiré cuando trabaja en los centros hípicos.

“Está de suerte” le dije, “Mañana es el cumpleaños de un tío y harán una parrilla en mi casa”. Se emocionó y ofreció buscarme, me dijo que iba a llevar dulces y a vestirse decente; tenia tiempo que no la veía tan feliz.

Los entrenamientos, los entrenadores, los gritos, las jodas, los bailes entre las máquinas, incluso los hombres eran cada vez menos, y eso se le reflejaba a Mi Amiga la Prepago en la mirada: dejó de ser La Negra, sus acciones dejaron de cotizarse en la bolsa, ahora era una embarazada más, una más del montón, su libertad de había extinguido y nadie quería lanzar ninguna oferta.

Mientras evitaba los espejos y las superficies metalizadas que le devolvían a la nueva mujer que era, acariciaba como quien no quiere la cosa su barriga y yo recordaba lo que en el pasado decía de las que se dejaban vencer por un hombre, las que se confiaban, las que se creían el cuento de hadas; entonces recordé que una vez me dijo que “Los planes a futuro matan la libertad… que hay vivir el hoy con todo” y la vi con lástima porque sé que se dejó vencer, que ya no volvería jamas a ser la misma de antes y lo comprobé en la parrilla de mi tío.

“Señora mamá del Italiano ¿Qué haría usted si yo le digo que este muchacho que llevo aquí es su nieto?” así se le presentó a mi mamá y le dio una bandeja de dulces de Las Nieves (pastelería ícono de las familias italianas en Venezuela) “Le traje paticos de crema, colas de langosta, pastieras napolitanas y amarettos” mi mamá se puso roja como un tomate, agarró la bandeja y le respondió “Nada, qué voy a hacer, ¡Aceptarlo y quererlo! lo que hace la gente cuando Dios bendice a una familia con un nuevo bebé”.

A Mi Amiga la Prepago se le aguaron los ojos, soltó la cartera en un mueble y entró a la casa, se vio en el espejo de la sala y pasó a saludar a todos como si fuera parte de la familia; creo que por primera vez en su vida se sintió realmente en familia, olvidó quien era, la trataron como un ser especial y no como una Prepago.

Al terminar de comer me pidió que le buscara la cartera, sacó el celular y le escribió a Elías “Lo quiero todo. Todo lo que me prometiste para el bebé y para mi. Quiero que lo bauticemos a lo grande, puedes escoger el nombre”. Me pidió opinión y asentí con la cabeza, estar en familia la ha cambiado.

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El regalo de Navidad (retrasado) de Mi Amiga la Prepago

Cuando te rodeas de espacios vacíos las depresiones están a la orden del día.

Se acabo el año pasado, comenzó uno nuevo y todo seguía igual: el gimnasio sin nadie  entrenando me hacía preguntarme ¿esta gente no comió hallaca, ensalada de gallina y pan de jamón? ¿es que nadie engordó? ¿sólo a mi me salió esta barriga de cervecero?

No paré de entrenar en todo diciembre, ni siquiera los primeros días del año me pusieron flojo; iba a entrenar igual que siempre, bueno, no era igual, no estaba Mi Amiga la Prepago.

Este año no me dio ni la Feliz Navidad, no me contestó el teléfono el 24 y el 31 me las di de orgulloso y no la llamé.

Me dediqué entonces a reconstruir nuestra historia en el gimnasio ¡qué loco todo! me entraron unas ganas terribles de acariciar su locker, de sentarme en el banquito del baño de hombres en el que se montaba la lycra, tocaba las maquinas en la que la recordaba y la imaginaba ahí burlándose de mi y diciéndome que tenía falta de cama; hice incluso algo de lo que me avergüenzo: olí los manubrios de la bicicleta en la que siempre se sentaba a ver si todavía tenía ese aroma de splash de Victoria’s Secret, pero que va… su rastro se había desaparecido.

“¿Extrañas a La Negra?” me dijo Celia, la que limpia, una de las veces que me descubrió acariciando las máquinas. “Papi tu tan feo como te da loquera de enamorarte de ella ¡ay papi estas loco!” y juntos no reíamos.

No tenia fuerza para decirle a Celia que estaba equivocada, no estoy enamorado de Mi Amiga la Prepago, ¡ni de vaina me enamoraría de una Prepago!, no porque sean malas personas sino porque nuestros caminos jamás se podrán unir; las admiro, me divierten. En las reuniones familiares siempre hay una que otra, a mis primos les encanta coger putas y llevarlas a las bodas y parrilladas; son recién prepagadas siempre, a penas se están iniciando, no creo que mis primos tengan un webo con el que aguantar a una verdadera Prepago; éstas llegan a la reuniones familiares con sus trapillos baratos y sus ganas de comerse el mundo.

Lo que siento por Mi Amiga la Prepago es una vaina más arrecha, es algo lindo que de vez en cuando se torna feo y malvado; a veces la odio tanto como a mi abuela por no haberme dejado de herencia el abrigo mink, otras veces quiero protegerla.

Los días en los que me daba ladilla entrenar recordaba a Mi Amiga la Prepago y sus 5 cosas para hacer en el gimnasio cuando estás ladillado:

1. Masturbarse en las ducha.

2. Espiar a las mujeres mientras se echan crema desde el hueco en los vestidores del baño de hombres.

3. Dejar mensajes de amor anónimos en los lockes.

4. Llamar a la recepción y decir que están tirando en el sauna.

5. Trancar con seguro la sala de baile y botar la llave.

No se me pasaba mucho la ladilla pero me sentía malo y eso me daba un poco de placer. Me sentía como los niños malos del colegio que humillan a los gallos, y como siempre fui gallo este era mi momento de disfrutar del placer de ser bully así sea con cosas materiales.

Hoy fui a entrenar igual que todos los días, las misma rutina de siempre hasta que me sorprendió el corte de cabello de Mi Amiga la Prepago, a lo Jennifer Lawrence, y con el mismo tinte. Me emocioné. Me apresuré, se dio cuenta que me le acercaba, la interrumpí. Hubiese querido decirle algo lindo pero me salió una de las de ellas: el corte te hace ver más gorda.

“No estoy más gorda Italiano, estoy embarazada”.

¿Qué?

“Que vas a ser tío y Selena va a tener un hermanito y mi mamá otro nieto y Elías va a ser papá. Me llegó el Niño Jesús, me entró por aquí abajo el año, el coño de la madre ¡el coño de mi madre! estaba tan enamorada que dejé de tomarme la pastilla. Se lo dije el 24 por WhatsApp Italiano, después de las 12 con un Feliz Navidad y también le dije que sólo quería una mensualidad porque nunca iba a conocer a su hijo, se repetirá la historia”.

¿Y él que te dijo?

“Se le salió el papá que todos lo hombres llevan dentro y blah, blah, blah… múdate conmigo, vámonos a Miami a compra todo. Por cierto, te compré un regalo de Navidad”, estiró la mano con una sonrisa, me dio una caja.

Eran unos zapatos iguales a los que tenía puestos ella.

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Otro intento fallido de Mi Amiga la Prepago

La primera vez que escuché la palabra bukake fue hace 45 minutos. Habíamos terminado de entrenar y Mi Amiga la Prepago me pidió que la acompaña a cambiarse y luego a su camioneta para irse a su casa.

No sé muy bien como va esta amistad, no sé si podría llamarse así, han pasado varios días en los que sólo la escucho, no opino, no reacciono, ni siquiera finjo interés; hasta hoy que, luego de pelarse las tetas delante de mi en el baño, me dijo que entre Elías y sus primos le habían hecho un bukake en el apartamento de la playa.

Lo primero que pensé fue que bukake era una comida árabe, por eso de que se lo había hecho Elías con unos primos; pero Mi Amiga la Prepago soltó una carcajada irónica y levantó la ceja izquierda. Con las tetas al aire y de espalda a mi se quitó la lycra y rápido de puso un mono, estaba torpe, tal vez porque le daba pena que la viera desnuda por lo que le dije que se quedara tranquila ya que vestida o desnuda es igual y me reí.

Ella se volteó seria “Un bukake Italiano ¡Un bukake! Eso no es una comida árabe, ni un juego de playa ni un trago” y agarró su bolso y se metió en uno de los cubículos del baño “¡Salte de aquí! ¡Fuera! Con amigos como tu para que necesito enemigos!”.

Corrí al baño de hombres, abrí mi locker, saqué el iPhone y busque en Wikipedia qué coño significaba bukake.

“Práctica de sexo en grupo donde una serie de varones se turnan para eyacular sobre una mujer; al finalizar la persona sobre quien se eyaculó se traga el semen. Normalmente tiene grandes connotaciones de humillación sexual. También es muy frecuente que eyaculen en su rostro”.

¡Guao!

No creo que eyacularle en el rostro fue la causa del problema, tampoco creo que fue la cogida entre varios; a Mi Amiga la Prepago le encanta todo eso, pero comencé a entender ese pudor en el baño fruto de la sinceridad entre una amiga humillada y su amigo.

Intente entrar al baño de mujeres pero me choque con Mi Amiga la Prepago y luego de que me empujó por haberse asustado la abracé, la sostuve muy fuerte entre mis brazos transmitiéndole mucho cariño para que se sintiera mejor. Ella se dejó y me correspondió. Creo que es el primer abrazo sincero que nos damos.

Los segundos se transformaron en horas y seguíamos ahí con los sentimientos desnudos, puede sentir lo que ella sentía y se me aguaron los ojos y la abracé más fuerte hasta que ella se volteó y me vio.

“¿Estás llorando?”.

Pensé que era una broma para quitarle drama al momento pero luego de que me dijo “¿Y a ti que te pasa mijo? ¿Cuál es tu mariquera?” me di cuenta que me había pasado de emocional.

“Respóndeme pues ¿tienes algún problema personal?”. Me sequé las lágrimas y le dije que había leído lo que era bukake y que me había entristecido el hecho de que la hubiesen humillado ese poco de árabes.

Ella se sorprendió como si le hubiese dicho una locura y luego de un “¡Ay vámonos rolo ‘e loco!” me jaló del brazo y caminó hacía la puerta. Llegamos al estacionamiento, se montó en su camioneta y al verme parado ahí al lado de ella sin saber que hacer me dio las buenas noche diciéndome “A mi no me humilló el que me cogiera Elías con todos sus primos en la playa Italiano, ya había sido parte de un bukake antes, me arrechó que a Elías no le importe que otros me acaben encima, otros de su familia, o sea, no quiere nada serio conmigo, o sea, casarse conmigo, o eso, que no seamos felices”.

¿Casarse contigo? ¿Ser felices? ¡Si es tu medio hermano! le dije, y trancó la puerta y se fue.

Al igual que ella yo seguí mi camino a casa valorándola por haber dejado que un poco de árabes le eyacularan encima, y me dirán loco, pero eso va más allá del acto sexual; les apuesto que eso que hizo Mi Amiga la Prepago lo hacen muchas y muchos a diario: se humillan ante alguien que puede hacerlos felices o hacerles un deseo realidad.

Bukakes en el amor, bukakes en el trabajo, bukakes en la universidad, una y otra vez se humillan para ver si les cae alguito que medio sirva, y con todo eso, nada; sólo les queda el haberlo intentado, y les toca limpiarse y seguir adelante.

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