Mi Amiga la Prepago tiene una Merú.

No hablamos en todo el fin de semana, pero el hecho de que Mi Amiga la Prepago tuviera “hasta una despedida de solteros” me hizo pensar en ella continuamente hasta hoy a las 6:25am cuando entró renovada por la puerta del gimnasio.

Se había cortado el cabello por lo hombros y lucía un hermoso flequillo que hacía que su cara resaltará más que el par de tetas y nalgas ¡que bastante bulla que hacen!

Me trajo un cambur, por lo que intuí que hoy le tocaba confesarse; también me trajo una bolsa de regalo con unos shorts blancos y una franelilla negra con una banda verde fosforescente “Los vi y se me parecieron a ti”.

Entrenamos como si nada, yo quería preguntarle de la despedida de solteros y de el “trabajón” del fin de semana pero me dio pena, sólo alcancé a mencionarle a Selena, la hija.

“Me quedo de mi primer matrimonio, eso y una Merú. Selena como la cantante, tiene 7 años, es inteligente como la madre y muy inocente, eso si no te tengo yo. Me casé a los 20, Fortunato llegó como un héroe y me rescató de la mala vida y fuimos felices por varios años hasta que se acabó.”

Todos soñamos con ser rescatados y si a Mi Amiga la Prepago la rescataron a cualquiera nos puede pasar.

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Anoche llamé a Mi Amiga la Prepago.

Yo, como buen picado, me tomé ese “Mejor hablamos dspues” literal. Así que ayer  hice caso omiso al hecho de que Mi Amiga la Prepago no hubiese venido al gimnasio hasta que, saliendo de la oficina y después de un ataque de ansiedad, le escribí.

Supuse que estaba tomada porque no hacía más que teclear cualquier vaina, entonces decidí llamarla: “¡Me estoy montando! esta noche trabajo y mañana también y pasado, y creo que el domingo me tienen cuadrado algo. Yo a ese portugués lo olvido porque si.”

Aproveché su estado para comenzar a hacer lo que tanto me gusta: compararme con lo demás. Comencé a preguntarle de ese amor de la nada, de ese despecho inexplicable; o sea, desde que volvió a entrenar hemos estado juntos todas las mañanas y con el portugués sólo había hablado una vez, y si me dijo que nunca la llamaba sino que hablaban “por texto” ¿en qué momento nació ese amor?

En algún punto de la conversación se sintió juzgada y para bajarle dos le dije que a mi me pasaba lo mismo, que yo era de esos que cuando conoce a alguien distinto con el que sientes que puedes trascender te lanzas al vacío para luego terminar despechado. Cada vez teníamos más cosas en común.

“El sábado tengo hasta una despedida de solteros ¿te dije? Así que mandé a Sele pa’ casa de mi mamá ¡Tan bella Selena! te la tengo que presentar, ese niña hermosa y una Merú fue lo que me quedó de mi matrimonio”. Así terminó el desahogo.

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Mi Amiga la Prepago también se ilusiona.

No vi a Mi Amiga la Prepago ni haciendo pesas ni montada en la escaladora, así que me resigné a entrenar solo.

El entrenamiento transcurría lento y aburrido hasta que la vi metida en la clase de bailoterapia. Se movía como Isadora Duncan.

Me detuve a verla junto al resto de los hombres presentes quienes no tardaron en hacer comentarios morbosos acerca del tongoneo de Mi Amiga la Prepago. Se la cogieron con las palabras.

Al terminar de entrenar coincidimos en la salida del gimnasio donde me detuvo: “Me llevó a cenar a Antigua, no pidió vino” me dijo. “Después yo quería una tartaleta de higos pero él pidió la cuenta rapidito después de terminar de comer porque según me tenía una sorpresa. Acto seguido estábamos en el Montaña”.

Mi Amiga la Prepago fue desarrollando su monólogo mientras revisaba impacientemente su cartera. Sacaba los celulares, los chequeaba, los guardaba, los volvía a sacar.

“¿Te acuerdas del portugués que agregué al pin hace tiempo?”. Yo, obviamente, tenía registro fotográfico de cada persona con la que Mi Amiga la Prepago chanceaba. Ese era mi nuevo hobbie.

“Bueno…” hizo una pausa, suspiró, se puso sus lentes Dolce y prosiguió “me estuvo conquistando por texto, ni una llamada el muy pichirre, portugués tenía que ser. Ayer me invitó a cenar y hasta pensé en cocinarle en la casa, pero el insistió en que dejara todo en sus manos. Pensé que iba a ser diferente.”

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Mi Amiga la Prepago se entera de que su papá es árabe.

Después de que el viernes Mi Amiga la Prepago me sentó de culo con lo que me dijo, era de esperarse que hoy ni nos viéramos. Quedamos demasiado expuestos el uno del otro, sabíamos demasiado de nuestras vidas para ser compañeros de gimnasio, que manía la mía de acelerar bizarramente las relaciones interpersonales.

Nos picamos el ojo un par de veces, nos veíamos por los espejos y sonreíamos hasta que coincidimos en el bebedero y me dijo que “no había podido dormir porque invité a cenar a mi mamá anoche y me confesó que mi nombre tiene origen árabe porque mi papá es árabe”.

Nos sentamos en la barra del cafetín y me contó que después de ese bombazo la mamá comenzó a divagar sobre los significados del nombre con el cual la habían bautizado, según lo escogieron porque como era muy blanca hace referencia a la nieve.

“O sea, anoche me enteré que mi papá es árabe y está vivo, que me bautizaron y que cuando nací era blanca ¿sabes todo lo que cambió mi vida esa vaina y hoy el mundo sigue igual que siempre?”

Fue entonces cuando me puse filosófico; a veces nos enteramos de cosas que son tan trascendentales y que marcan un antes y un después en nuestras vida y el mundo sigue girando como si nada.

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Mi Amiga la Prepago me enseña a manejarme en tríos.

No eran ni las 6 de la mañana y ya Mi Amiga la Prepago me estaba llamando. Me emocioné tanto, esa era la primera vez que hablábamos por teléfono.

Yo manejaba hacía el gimnasio; ella caminaba mientras se comía un cambur y me iba haciendo la introducción del tema a tratar en el entrenamiento matutino “porque te apuesto a que se nos pega un gentío y no vamos a poder hablar bien, y tú sabes como es, una no puede andar bandereando su vida así por así”.

Hablamos como unos 20 minutos hasta que nos conseguimos en la puerta del gimnasio, hicimos una pausa en la avanzada en la que entre otras cosas me dijo: “Los tríos son más caros italianito, y no me refiero a dinero, después que uno participa en un trío te cargas de cosas”.

Me trajo un cambur de regalo y me dijo que lo administrara bien durante el tiempo juntos porque esta vez le tocaba hablar a ella “Ayer te encadenaste y te dejé tranquilo, tú si hablas mijo”.

Entre otras cosas, Mi Amiga la Prepago me habló de todas las clases de tríos en los que había estado: desde grupos de trabajo en la universidad hasta los sexuales y, en su caso, todos culminaban igual, “en un peo”.

Ella se echaba la culpa de los finales terribles porque decía que su “sabrosura hacía que la gente se peleara”; entonces la interrumpí y le dije que qué era lo que me hacía problemático a mi.

Fue entonces cuando me vio con ojos de mamá y me dijo, con tan solo un par de conversaciones vividas, “es que tu te malpegas con lo negativo y le das hasta que vuelves todo un desastre”.

No sé porque en algún momento pensé que íbamos a hablar de posiciones y manera de seducir a dos personas al mismo tiempo; nunca imaginé que Mi Amiga la Prepago me iba a hacer el juicio de valor más real de la vida, nunca lo imaginé de alguien como ella pues.

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Mi Amiga la Prepago me escucha.

Después de decirme que, de ahora en adelante nos saludaremos a la italiana (con dos besos), Mi Amiga la Prepago me sentó en la máquina de hacer aductores y me preguntó para qué le había escrito anoche.

Ayer, después de un rollo ahí que tuve, le escribí por WhatsApp para despejarme un poco la mente. Ella instantáneamente respondió: “ocupada”. ¡Arrecha!

Durante los 45 minutos de entrenamiento yo le conté a Mi Amiga la Prepago toda mi vida, y me tardé, hay personas a las que se la he contado en 10 minutos.

Fue muy bizarra la escena matutina, ella escuchaba en silencio el drama sin emitir ninguna opinión, ni mis mejores amigos hacen eso. Nos abstrajimos del entorno de manera impresionante, esto sólo me había sucedido con mi terapeuta.

Cuando terminé de desahogarme Mi Amiga la Prepago me agarró por un brazo y me llevó hasta un espejo que estaba en la pared y me dijo: “tan bello y tan webón”. Me dio un beso en la frente y de salió corriendo.

Luego me escribió por WhatsApp y me dijo que tenía una cita y que mañana me enseñaba cómo hay que manejarse en los tríos.

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Mi Amiga la Prepago se descargó WhatsApp.

“Me vine con ropa de calle porque si me vengo con las lycras me van a obligar a entrenar y hoy amanecí sin ganas”. Así me dio los buenos días hoy Mi Amiga la Prepago mientras acomodaba el par de nalgas llenas de biopolímeros en un banco inclinado de hacer abdominales.

Aprovechó que se había formado un grupito de gente y se metió en la conversación para cambiar el tema y hacer que todo lo que se dijera a continuación girara entorno a ella. Tengo que confesarles algo: empecé a amarla.

Tenía cara de haberse levantado hace 10min por lo que imagino que vive cerca del gimnasio, se estaba comiendo dos cambures que trajo en la mano derecha, en la izquierda tenía sus dos BlackBerrys, el iPod Touch y el monedero LV de patente negro que tiene toda la pinta de ser imitación.

En la tertulia agregó a dos portuguesitos a su lista de contactos del BlackBerry Messenger y les dijo con ese vozarrón que le nace en el diafragma “este es su día de suerte, aprovechen”.

Yo veía todo con mi cara de situación hasta que me dijo “dame tu PIN blanquito”. Acto seguido, mientras yo hacía los reglamentarios 45 minutos de escaladora, Mi Amiga la Prepago se descargaba WhatsApp para tenerme a la mano “uno nunca sabe”.

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Mi Amiga la Prepago se hizo la lipo.

Asustada por la pronta llegada de los 30, Mi Amiga la Prepago aprovechó que “me sobraban 18.000 bolos en la cuenta de ahorro del Venezuela” y se hizo la liposucción laser con el Dr. Ángel Molina “mi cirujano plástico de confianza y el mismo que esculpió esta cuerpa que me hace la mami que soy hoy en día”.

Recuerdo que un día, mientras ella hacia ejercicio para endurecer los glúteos y yo para la espalda, me dijo que se iba a operar porque “no sólo me sobran años sino unos rollitos de grasa minúsculos que me estresan cuando bailo”.

Éramos conocidos del gimnasio, nos saludábamos cuando coincidíamos en una máquina y hablábamos de los hombres que entrenaban, de la ropa Nike, de la lluvia, de los nuevos Technomarine, de mi primo el del centro hípico, entre otras banalidades.

Esta mañana, cuando la vi cruzar las puertas eléctricas del gimnasio, me alegré muchísimo y realmente no sé porqué, no somos amigos, no sabemos nada el uno del otro. Ella muy oronda paseó su “cuerpa” por todo el gimnasio saludando a todos y cada uno de los entrenadores y tipos que le hacían ojos hasta que, estando cerca de donde yo hacía un ejercicio para bíceps, me dijo “¡Hola italiano! ¿Me extrañaste?”.

Fue amor a primera vista.

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