Mi Amiga la Prepago saca la bandera blanca

Recién había llegado al gimnasio y mientras me ponía el cinturón y los guantes veo por el espejo a Mi Amiga la Prepago caminando hacía mi. Traía dos vasos en la mano.

“¡Toma mi italiano bello! Te traje una bebida de proteína para que entrenes con todo ¡tómatela con confianza que no está envenenada!”. Sorprendido agarré el vaso y empecé a tomarla, tenía sabor a fresa; ella saludó a unas amigas y volvió hacía a mi “¿Será entrenamos juntos? ¿Ya se te pasó la mariquera?”.

Le sonreí y llevándola por el brazo caminamos hasta las máquinas de hacer piernas, comenzamos a entrenar sin mencionar ni una palabra, es más no hablamos mucho durante el entrenamiento; de momentos me daban ganas de aclarar las cosas pero me detenían los típicos comentarios de Mi Amiga la Prepago criticando a una mujer o buceándose a un hombre. La sentí de vuelta.

Salimos del gimnasio y junto con un beso me dijo “Lo que me arrechó no fue que no hayas ido al desfile, fue que no sentí tu apoyo incondicional, ese que me demostrabas a diario y que me hace sentir que no estoy loca, pero esta bien italiano, ya sé que no eres igual a todos los hombres porque lo vi en tu mirada de que la había cagado estos días y mira que yo soy experta en miradas de hombres, las he visto en todas sus facetas, hasta sexuales (risas)”.

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