De cómo perdí la virginidad

“Italiano bello dime si no parecemos dos ángeles de esos de la marca de sostenes ¡dímelo! ¿no somos un par de bellezas?”. Levanté la cabeza, y las vi paradas en frente de mi, Mi Amiga la Prepago y Marta, la prepago que me quitó la virginidad y la tranquilidad. Vestían el mismo conjunto de lycra blanca con estampado naranja, tenían una cola estilo palmera y la uñas de las manos pintadas de verdes fosforescente haciendo juego con un reloj Adidas que era más grande que sus muñecas.

Le di un beso a cada una, para evitar peos, y luego comenzaron un largo recorrido por el gimnasio en el que le restregaron el cachete y las tetas a todos los que las saludaban.

Marta me había impregnado su perfume y no hallaba la manera de quitármelo; era el mismo de aquella vez, lo recuerdo como si fuera ayer; había bloqueado ese aroma y ahora se hacía presente con los recuerdos de esa tarde de septiembre en la que pasé de niño a hombre.

“Estás más raro que un perro verde” me dijo Mi Amiga la Prepago una de las veces que coincidí en una máquina con ella y su “hermana del alma”. “Por cierto Martix, mi italiano bello es primo de El Gordo del Centro Hípico de Las Mercedes ¿sabes? El que era amigo tuyo (risas)”.

“¿El Gordo es tu primo? ¡No me jodas! No sabes cuanto me divertí con tu primo chico ¿Qué está haciendo él ahora? Dile que me casé y bien casada” me dijo “Martix” y Mi Amiga la Prepago la mando a callar diciéndole que los rencores del pasado sacan arrugas: “Además Marta en esa época estábamos en una de casting de sábanas y mucha diversión, deja ese odio mujer; ahora usted ya se casó y bien casada”.

Fue mi primo “El Gordo” el que prácticamente me obligó a tirar con esta caraja una tarde en su oficina de El Centro Hípico en Las Mercedes.

Terminé de entrenar, me despedí y me fui. Me imagino que ellas siguieron allí saltando y gritando cual adolescentes. Al salir del gimnasio no pude evitar voltear y ver a “Martix” con un poco de odio y sentir repulsión.

Hoy descubrí una gran cualidad de las Prepagos: memoria convenientemente selectiva.

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El día en que perdí la virginidad

Hay dos rostros que creo que nunca podré olvidar. Son las caras de dos personas que marcaron un antes y un después en mi existencia: 1. El Gocho de la cantina del colegio que me gritaba “eres un gordito” cada vez que pedía un tequeñón; y 2. Marta, la Prepago con la que perdí la virginidad. Ambos me marcaron y me ayudaron a dar un paso adelante, a dejar de ser lo que era antes de ese momento, a ponerme las pilas.

Esta mañana amanecí súper activo, llamé a Mi Amiga la Prepago a un cuarto para las 6am para asegurarme de que no faltara al gimnasio y para advertirle que hoy entrenaríamos duro. “¡Claro que si mi Italiano bello! Además que hoy voy con una amiguita que llegó de Puerto, una hermana mía que me vino a visitar y va a entrenar con nosotros, así que prepárate para enfrentar a este mujerón”.

Llegué al gimnasio y comencé a calentar. Vi a Mi Amiga la Prepago entrar por la puerta de la mano de una mujer de cabello corto y rubio platinado. Me quedé congelado cuando la reconocí al acercarse a mi. El mujerón, la hermana de Mi Amiga la Prepago, la famosa amiguita era Marta, ¡si Marta! la Prepago con la que perdí la virginidad ¡Qué pequeño es el mundo! Me saludaron. No pude reaccionar.

Durante toda la mañana de entrenamiento Mi Amiga la Prepago y Marta no hicieron más que pellizcarme, joderme, apretarme, echarme los cuentos de cuando “trabajaban” juntas, de sus aventuras. “Me quitas esa cara de misa de mediodía Italiano mira que le he hablado muy bien de ti a Marta y no me vas a hacer quedar mal”. No podía evitar recordar ese momento, como toda primera vez fue terrible, yo era un niño.

Fingí demencia y me fui. Mi Amiga la Prepago me llamó para preguntarme que me pasaba: “Después me vas a contar bien porque no puedo hablar ahora porque está Marta aquí ¡qué buena vaina contigo Italiano! Eso es falta de cama ¡coño!”.

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Borrón y cuenta nueva

Agarrados de manos y como si no se hubiesen montado chachos el uno al otro, entraron al gimnasio Mi Amiga la Prepago y el portugués. Ambos estaban bronceados y sonrientes como si nada hubiese pasado. Pareciera que olvidaron que él se desaparecido por casi una semana y que ella no se fue dos días a Los Roque con un árabe.

Entrenaron juntos durante toda la mañana. No saludaron a nadie, ni siquiera Mi Amiga la Prepago me echó una mirada. Fueron víctimas de los comentarios a quemarropa de todas las que la semana pasada la habían apoyado mientras hablaba pestes del portu’. Bien hecho de parte todas.

Intenté acercarme a saludarlos cuando hacíamos algún ejercicio cerca pero me dio un poco de fastidio darle importancia al drama que Mi Amiga la Prepago estaba viviendo. Así que los ignoré y al terminar de entrenar me fui.

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Mi Amiga la Prepago se saca el clavo con agua de mar

Enrollada en un pareo floreado, con tacones corridos de corcho, unos lentes Gucci con cuero blanco y una pamela que complementaba la combinación se asomó en la puerta del gimnasio Mi Amiga la Prepago y pegándome un grito me hizo salir.

Saco de su bolso de raphia su iPhone blanco, lo desbloqueó con sus unas acrílicas pintadas de naranja fosforescente y me mostró la foto de un tipo. “¿Qué te parece? Se llama Pedro y me voy con él a Los Roques en su avioneta privada”.

Tenía pinta de árabe el hombre; lucía un traje de lino color ocre y fumaba un habano en la punta de un yate. “Es amigo de Amaranta, mi prima ¿te acuerdas de ella? Nos vamos los cuatro, este es el hombre de mi vida”.

Sorprendido por el final de la frase le pregunté por el portugués y después de darme un pellizco me dijo “de los muertos no se hablaba sino en misa, no le respondí en todo el fin de semana” y corrió hasta una camioneta negra de donde se bajó un chofer que le abrió la puerta.

Yo intenté seguir entrenando pero no paraba de preguntarme: ¿Cuántos hombres de su vida tiene Mi Amiga La Prepago?

Es evidente que el portugués anda en algo raro porque se desapareció, capaz tiene otra. Pero no han pasado ni cuatro días y ya lo reemplazaron por un árabe multimillonario que se ve que lo quiere es raspársela en cada centímetro cuadrado de Los Roques y después, como si nada, volver a su mansión con su esposa, tres hijos y dos perros.

Yo como que mejor me tomo estos días de vacaciones de Mi Amiga la Prepago para ver el pote de arena y agua de mar y reflexionar acerca de la vida que estoy llevando. No puede ser que haya gente tan libre como Mi Amiga la Prepago que vive sin limitaciones y tiene una aventura amorosa diferente cada semana y otros no hacemos más que pensar en el qué dirán.

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A Mi Amiga la Prepago le montan los cachos II

Mi Amiga la Prepago llegó al gimnasio con dos cambures, o sea, viene con un mega cuento.

“¡Ay chico! Sabes que el portugués de lo más bello me llamó anoche para decirme que se fue a Barinas a ayudar a un amigo a mudarse y que no me había avisado antes porque se quedó sin pilas y no se llevó el cargador… y fue ayer en la tarde que compró uno en un buhonero”. Me dio los cambures y se montó en la escaladora “¿Qué piensas Italiano? Tan lindo que colabora con sus amigos y yo desconfiando de él”.

Mi cara de asombro era como para fotografiarla, nos acompañaban dos de “sus amigas” quienes no dudaron en decirle que el portugués andaba en algo raro.

Mi Amiga la Prepago se quedó callada y empujándonos nos hizo dejarla sola. Estuvo un rato más montada en la escaladora y se fue, obviamente no sé comió el cuento del portugués.

Qué ladilla cuando alguien con el que pasas tiempo te engaña, creo que eso es lo que le molesta a Mi Amiga la Prepago. Después que peleamos hace tiempo, por no haber ido a su desfile, me di cuenta que para ella las traiciones son como un puñal directo al corazón, bueno, para cualquiera.

En estos casos lo mejor es volver a subir la cabeza y seguir, pero como esta es bien prepago capaz se saca ese clavo con sangre.

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A Mi Amiga la Prepago le montan los cachos I

Después de que ayer Mi Amiga La Prepago me hizo sentir mal restregándome en la cara que tenía “¡Falta de cama!”, hoy llegó al gimnasio con un drama peor que el de una novela “mayamera”.

“Desde el lunes después de entrenar no sé nada del portugués ¿puedes creer esa vaina Italiano? Me está montando cachos con una bicha de aquí, porque llamé a la hermana y me dijo que se fue al interior con una amiga del gimnasio. Pero es que claro como la portuguesa piensa que él y yo somos amigos me la soltó… ese carajo no sabes en el peo en que se metió”.

Pasó toda la mañana de entrenamiento echándole el cuento a cuanto mujer se le acercaba. En algún momento me dijo que estaba buscando alguna sospechosa pero creo que este show era sólo para llamar la atención.

“Sé por dentro te debes estar burlando de mi” me dijo mientras la ayudaba a hacer abdominales “pero no creas que esto me afecta, aquí el que tiene falta de cama eres tú, yo sólo estoy con el portu’ por pasar el rato pero eso no significa que me va a montar cacho, primero muerta”.

Terminamos la rutina de ejercicios y ella continuó en su drama rodeada de todas las mujeres víctimas de engaños amorosos que estaban en el gimnasio. Yo, con la misma arrechera que ayer, me fui sin despedirme y pensando en que, por más informal que sea esta “relación”, montarse cachos es bastante grave ¿no? o capaz yo pienso así porque en las novelas con finales felices que vi eso no pasaba.

El hecho es que Mi Amiga la Prepago se las cobrará al portugués a dólar negro, porque si llamó a la hermana para averiguar es capaz de cualquier cosa.

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La filosofía de vida de Mi Amiga la Prepago

Ella: Mi Italiano bello ¿por qué no buscas alguien con quien estar?

Yo: ¿Cómo que “alguien con quien estar”?

Ella: Alguien con quien estar mijo, una persona con la que compartas, con la que vayas a la playa, con la que tires… que bastante falta que te hacen las dos ¡como yo que me conseguí al portu’!

Yo: ¡Ay tu si eres arrecha! ¡Arrecha y viva la pepa! ¿y cómo hago según tú? Me levanto mañana y digo voy a buscar a alguien “con quien compartir, con la irme a la playa, con quien tirar, que bastante falta que me hacen las dos” y listo ¡Aparece!

Ella: A mi no me hables golpeado mira que te pego esta mancuerna en la cabeza. Te estoy dando un consejo de amiga… Es que te veo de lejos y me das como lástima chico: andas con los hombros caídos, siempre con cara de culo… es que se te huele la soledad Italiano…

Yo: ¿Y tú que crees mija que no ando buscando? Pero no hay nada…

Ella: ¿No hay nada? Este gimnasio está full de gente, mírame a mi, conseguí al portugués y ando feliz. Tienes que conseguirte algo y ya. No tiene que ser el amor de tu vida, es alguien con quien tirar y ya y que bueno intercales con un cinazo y una cena cara ¿Tú vives solo papi?

Yo: ¿Y eso que tiene que ver?

Ella: Porque puedes cocinarle, como yo hago con el portugués ¿Tu eres como yo que te encanta consentir a la gente? Es más ayer te di un pote de mayonesa con agua de mar y arena y parece que funcionó. Esta noche llegas a tu casa y te sientas frente a ese pote y te pones a pesar.

Yo: ¡Es que no es tan fácil! Tu porque eres así pues… que todo te viene fácil…

Ella: Tienes que poner una trampa y lo primero que caiga lo agarras, no te pongas exigente tampoco. El portugués tampoco es un tremendo hombre, es bello y tira rico, para pasar el rato esta bien.

Yo: ¡Ya me echaste a perder el día! ¿Tú crees que no he intentado? Lo que pasa es que para ti todo es fácil definitivamente…

Ella: ¡Ay Dios se alteró el muchacho! Contigo no se puedo ni hablar, mejor me voy antes de que seas tú el que me pegues una mancuerna… eso es falta de cama mijo ¡Falta de cama!

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El regalo de Navidad de Mi Amiga la Prepago

Por el tono de los “textos” de Feliz Navidad y Feliz Año que Mi Amiga La Prepago me había enviado durante las fiestas había dado por sentado que el amor me había cambiado a la muchacha, así que llegué al gimnasio y comencé a entrenar sin la esperanza ni siquiera de que viniera, tal vez seguía de Luna de Miel familiar.

Con un “¡Feliz Navidaño Italiano!” gritado me sorprendió el portugués quien se unió en mi rutina de ejercicios y comenzó, de manera bastante guionada, a interactuar conmigo y a lanzar comentarios cómicos del viaje de Navidad y de su relación con Mi Amiga La Prepago, hasta un “Es la caraja perfecta bichito, creo que me quiere hasta más que mi mamá” me lanzó en algún momento lo que me dio un poco de nauseas.

Yo por mi parte seguí sin esperanzas de nada, me esperaba la llegada triunfal de otra mujer enamorada convertida en un ama de casa (que sobran en el gimnasio), pero les confieso que me molestaba sobremanera que nunca haya aceptado que le gustaba el carajo y que, aunque recibiera coñazos emocionales, iba a calárselos por no estar sola.

Y entonces llegó. Con un conjuntico Adidas blanco con naranja que resaltaba su bronceado; opacó a todas y cada una de las mujeres que estaban en el gimnasio y que, al igual que ella estaban bronceadas y con ropa muy corta, como no van a odiarla.

Mientras todos los hombres la veían con deseo, el portugués, con el ego en el techo, caminó hacía ella, la tomó de la mano y la trajo hacía mi con cara de guardaespaldas. La vi venir con un aura blanca que la hacía ver hermosa, tenía casi un mes sin ver a Mi Amiga La Prepago y no podía evitar sentirme emocionado al verla.

Me abrazó con todas sus fuerzas y me llenó los cachetes de brillo con escarchas de tanto besos que me dio; por un momento me sentí la envidia del gimnasio. Entonces me sentó en una máquina de hacer hombros y me dio un frasco de mayonesa de vidrio con arena y agua salada y me dijo algo que me quitó las ganas de seguir entrenando y me puso a cuestionar si esta actitud positiva que tenía desde comienzo de año era realmente cierta “¿Alguna vez has visto el mar y la arena encerrados? Pues este es nuestro regalo de Navidad y que queremos que te recuerde que tienes que liberar cosas, no puedes mantenerte encerrado Italiano bello. Te extrañamos mucho en Puerto y queremos verte arrasar este año”.

No sé si fue lo que representaba el pote de mayonesa o que hablara en plural pero, como siempre, me había dejado girando en un zapato de goma. Mi Amiga La Prepago era sin duda una mujer casada y estaba feliz en su relación ¿quién no quiere algo así?

Yo no lograba terminar de estar feliz por ella, capaz es porque estoy como “encerrado” como me dijo, quien sabe; pero tener a Mi Amiga La Prepago de vuelta, aunque casada, me había devuelto la sonrisa.

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