Mi Amiga la Prepago volvió a las andadas

Ver a Mi Amiga la Prepago haciendo la cola para anotarse en la clase de bailoterapia de las 7:00am era una muy mala señal. Las clases de los jueves eran, según había escuchado en los pasillos del gimnasio: para gordas, maricos cuarentones y gente con dos pies izquierdo. Las dirigía una ex bailarina del ballet de Venevisión, a la que habían botado de las filas del cuerpo de baile porque después de parir más nunca pudo rebajar.

Intenté que Mi Amiga la Prepago no me viera entrar para evitar tener que hacer la cola con ella y ser clasificado como uno de los bate quebrado que asiste a esas clases pero fue imposible, a penas me vio se me lanzó encima y me jaló para la cola “Hoy vamos a darle movimiento a la grasa que tenemos encima pa’ sudarla toda mi Italiano bello”. Hablaba tan duro que ya todo el gimnasio se había enterado que íbamos a hacer la clase.

Yo, para evitar ser víctima de las miradas de todos los que al igual que yo juzgaba a la gente que hacía la clase de baile de los jueves, escuchaba cabizbajo sus lamentos de carnavales.

“Estuve los cuatro días entre la clínica y la comisaría Italiano ¡estoy obstinada papi! de aquí pa’ allá… de allá pa’ acá… cambiándome de ropa siempre porque una no puede ir a la comisaría en falda y tacones ni nada de eso, entonces estaba que me montaba y me desmontaba y me eso me agotó, a parte que el portugués y el árabe andan en su peo y yo lo que quiero es que me adoren chico, así que ayer en la noche les corté las patas a los dos ¡no quiero saber más nada de ellos!”.

La cola para la clase era larguísima, los lamentos de Mi Amiga la Prepago habían atraído a todas sus “amigas” del gimnasio, también se unieron unos tipos que, escuchando que Mi Amiga la Prepago estaba soltera, buscaban llamar su atención echando un pie con ella. “Soy libre Italiano, libre como siempre lo he sido… Así que hombres ¡agárrense!”.

Nos metimos en el salón y comenzamos a sudar al ritmo de Jerry Rivera, Mi Amiga la Prepago se sorprendió por mi habilidad para bailar y me usó para rechazar las invitaciones que le hacían los hombres que asistieron a la clase que ya se había convertido en un bingo salsero bailable.

En una de las pausas musicales la muy loca gritó a todo gañote: “¡Italiano chico estoy sorprendida! no sabía que sabías bailar tan bien, me alegra que tengas falta de cama y no que seas mala cama”. Las risas de todos no se hicieron esperar.

Todas la mujeres me sacaron a bailar, Mi Amiga la Prepago se distrajo con uno de los tipos que había entrado a la clase quien luego de una corta plática se la llevó.

Mi Amiga la Prepago volvió a las andadas, y es que uno no puede esconder su naturaleza: unos somos solitarios, otros necesitan atención, unos buscan arreglar corazones y otras necesitan que se lo arreglen.

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Mi Amiga la Prepago edición especial Día de los Enamorados

El “Te veo tomorow tempranito para entrena” con el culminó el mensaje que me envió ayer por WhatsApp Mi Amiga la Prepago fue para mi una promesa de amor; así que anoche cuando volvía a casa me detuve en una floristería y le compré un rosa roja.

Esta mañana me levanté temprano y lleno de emoción por ver a Mi Amiga la Prepago y entregarle la rosa que había metido toda noche en la nevera para que no se marchitara. No iba a competir contra los millones de ramos de flores que de seguro iba a recibir, pero era un simple detalle por todo lo que hemos vivido; no quería que nuestro primer 14 de febrero juntos pasara por debajo de la mesa.

La esperé afuera del gimnasio con una sonrisota y cuando llegó la abracé y le di la rosa. Estuvimos abrazados por largo rato, fue una abrazo bastante raro, no estaba acostumbrado a que me abrazaran así. Yo seguía allí sin saber que hacer mientras Mi Amiga la Prepago me apretaba sus tetas contra mi pecho y me clavaba la uñas en la espalda. Sentí como su respiración se aceleraba, estaba a punto de empezar a llorar.

“Todo es una carrera contra el tiempo Italiano, encontrar la felicidad, encontrar un marido, encontrar rial” se me estaba aguando el guarapo a mi también, ver a ese mujerón de metro ochenta vestida con una lycra roja, un top blanco y con corazones que le colgaban de las orejas llorando me rompía el corazón en mil pedazos.

“El árabe esta en la clínica con la cara toda morada y mandó a meter preso al portugués por arrechera. Ya yo no sé que hacer chico, yo sólo quería un hombre que me llevara a cenar hoy y ya, y que me regalara una cartera Michael Kors o un reloj ¿es mucho pedir?”.

Le sequé las lágrimas, la tomé del brazo y la metí al gimnasio. “No te me separes en todo el día de encima, no quiero que ningún baboso me ande tocando”. Nos montamos en unas escaladoras y comenzamos a hablar de cualquier cosa. De allí nos fuimos a hacer piernas y cuando ya no podía cargar con tantas flores que tantos hombres le había traído decidió irse.

Me picó el ojo y salió con una sonrisa, lo que me prueba que siempre hay razones para ser feliz, así no sean las que verdaderamente nos hagan feliz.

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El Portugués y el Árabe se pelean por Mi Amiga la Prepago

Todo lo que pasó la semana pasada con Marta y mi primo “El Gordo” me tenían bajo un estado de ansiedad bastante intenso: Veía a Mi Amiga la Prepago en cada Merú que me topaba en la calle, sentía que el portugués se reía a mis espaldas en el gimnasio y hasta creo haber visto al árabe, el que se llevó a Mi Amiga la Prepago a Los Roques, en la puerta del gimnasio.

Empecé a hacer las prácticas de yoga que dan temprano en el gimnasio para calmarme y no hacer un show cuando volviera a ver a Mi Amiga la Prepago. Logré sentirme más calmado y centrado, o eso me hacía creer mi subconsciente, hasta que esta mañana vi a Mi Amiga la Prepago cruzando las puertas del “gym” del brazo de Pedro, el árabe, quien venía luciéndola como un trofeo y listo para entrenar hasta que de la nada le saltó encima el portugués y de un golpe en la cara lo batió contra el piso.

Todo el gimnasio se acercó a ver el espectáculo. Dejé de hacer abdominales y traté de acercarme hasta donde estaba Mi Amiga la Prepago viendo estupefacta la pelea entre sus dos hombres.

Mientras avanzaba hacia ella pegó un grito: “¡Ay coño! Me mancharon la lycra de sangre ¡son unos salvajes! Que alguien venga y los saques”. Dos de los entrenadores los sacaron a la fuerza mientras Mi Amiga la Prepago corría al baño seguida de sus amigas quienes reían cual adolescentes en una verbena de colegio.

El show continuó por un rato más fuera del gimnasio. Yo seguí haciendo abdominales hasta que Mi Amiga la Prepago se me sentó en el abdomen y me impidió continuar. “Cuéntame algo Italiano ¿crees que si dos mujeres se hubiesen peleado por tu virginidad fueses más feliz? Esos animales se estaban pelando por mi y a mi ni me interesa”.

Intenté responderle pero me presionaba los biopolímeros de sus nalgas contra mi estómago para que no hablar. “Yo tampoco estoy feliz de haber perdido la virginidad como lo tuve que hacer… tú sabes que la vida no es fácil papi y con todo y eso te pones con cómicas vale”.

Me dio un piquito, levantó sus nalgas de mi abdomen y se fue. Volví a quedar como un loco intenso que no tiene más oficio que el tomarse en serio todo lo que le pasa.

Terminé de entrenar, busqué mis cosas y me fui, revisé mi celular: Mi Amiga la Prepago me había escrito por WhatsApp: “Ninguna 1era vez n la vida real s como qremos italianoooo… pro siempre podemos acr 1 en nuestra kbeza q ca perfecta…… te veo tomorow tempranito para entrena… becho”.

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Mi Amiga la Prepago y mi primo “El Gordo”

Hace mucho tiempo que nada me emocionaba tanto, es más, llegué a recordar esa sensación de las primeras citas que tantas veces había experimentado y que siempre me dejaban un sinsabor que también se hacía presente en el momento haciéndome sentir como un tonto lleno de falsas ilusiones.

El sábado era el día perfecto para llamar a Mi Amiga la Prepago y reclamar mi regalo de cumpleaños. Encontrarme con ella fuera de las cuatro paredes del gimnasio me daba tanta emoción que hasta fui a comprarme algo para estrenar.

Ya tenía en la mano la bolsa con la pinta, un pantalón marrón oscuro al que le había combinado una camisa azul turquesa, cuando me conseguí a mi primo “El Gordo” el del centro hípico ¿saben? y por el cual conocí a Marta. “Chamo pensé que te iba a ver anoche en Rosalinda, Marta se va en estos días y anoche fue la despedida de ella ¿Por qué no me habías avisado que ella estaba acá? Eres un carajo demasiado raro pana”.

Mi cara de situación se hizo presente. Estaba comenzando a sudar. “El Gordo” seguía hablando de lo que habían hecho la noche anterior, creo haber escuchado un “me la volví a raspar como en los viejos tiempos”.

Estaba cada vez más asustado esperando que me dijera lo que ya sabía que había pasado.

“Puta es puta primo porque casada y todo vino y no paró de llamarme”. “El Gordo” seguía hablando hasta que me dio un manotón en la nuca y la soltó: “Me presentó a una amiga tuya que va al gimnasio contigo, una negra buenota ¿la estás cogiendo? porque cuando le dije que Marta te había quitado el virgo se batió como una potra”.

Sentí un vacío que no me dejaba moverme y mucho menos escuchar, no recuerdo lo que le dije a mi primo, sólo se que se despidió y se fue riéndose.

Nunca llamé a Mi Amiga la Prepago, no tenía cara para hacerlo. Llegué a la casa, guardé la ropa que me iba a estrenar en el closet y apareció de nuevo ese sinsabor que tantas veces había sentido.

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Mi cumpleaños y Mi Amiga la Prepago

Durante estos días, Mi Amiga la Prepago estuvo bastante ocupada intentando ignorarme. “Te voy a aplicar la ley del hielo si no me dices que coño es lo que te pasa ¿Tienes celos de Marta? ¡Por eso es que estás solo! porque no sabes compartir. En esta vida todo se comparte Italiano, hasta los maridos”.

Mi cara de situación se hacía presente cada vez que cruzábamos miradas. Marta, por su parte, se reía y me tiraba besos; por un momento pensé que se había acordado de mi y muy apenado me alejaba de ellas.

Se vestían iguales, se manejaban de manera similar con los hombres, eran como dos gatas en celo que paseaban su cuerpos calientes por los pasillos del gimnasio buscando llamar la atención y encender la llama del deseo para luego huir por nuevas aventuras al otro extremo del lugar.

Vi al portugués con su manada mirando despectivamente a Mi Amiga la Prepago quien hacía caso omiso a su presencia. En un momento se le acercó y la trató de alejar de un grupito de tipos que le rendían pleitesías pero Marta saltó a defenderla alejándolo a pellizcos.

Sinceramente hablando, no sé qué me molestaba más: el no poder llamar la atención de Mi Amiga la Prepago hoy o su continua libertad al actuar.

Justo cuando estaba terminando de entrenar, escuché a Mi Amiga la Prepago pegando gritos por el micrófono de la recepción “¿Qué pensaste Italiano que se me había olvidado?”. Todo el gimnasio comenzó a cantarme cumpleaños mientras Marta me empujaba abrazado por la cintura. Tenía en la mano una barra de proteína con una vela.

Estaba demasiado apenado por esa ovación en masa, sonreí y comencé a caminar hacía la entrada del gimnasio como para irme. Mi Amiga la Prepago corrió hacía mi me estampó un beso en el cachete y me dio un sobre. Me fui.

Dentro del sobre había una tarjeta. “Válido para una cena con esta divinura cuando quieras”.

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