Mi Amiga la Prepago edición especial Día de los Enamorados

El “Te veo tomorow tempranito para entrena” con el culminó el mensaje que me envió ayer por WhatsApp Mi Amiga la Prepago fue para mi una promesa de amor; así que anoche cuando volvía a casa me detuve en una floristería y le compré un rosa roja.

Esta mañana me levanté temprano y lleno de emoción por ver a Mi Amiga la Prepago y entregarle la rosa que había metido toda noche en la nevera para que no se marchitara. No iba a competir contra los millones de ramos de flores que de seguro iba a recibir, pero era un simple detalle por todo lo que hemos vivido; no quería que nuestro primer 14 de febrero juntos pasara por debajo de la mesa.

La esperé afuera del gimnasio con una sonrisota y cuando llegó la abracé y le di la rosa. Estuvimos abrazados por largo rato, fue una abrazo bastante raro, no estaba acostumbrado a que me abrazaran así. Yo seguía allí sin saber que hacer mientras Mi Amiga la Prepago me apretaba sus tetas contra mi pecho y me clavaba la uñas en la espalda. Sentí como su respiración se aceleraba, estaba a punto de empezar a llorar.

“Todo es una carrera contra el tiempo Italiano, encontrar la felicidad, encontrar un marido, encontrar rial” se me estaba aguando el guarapo a mi también, ver a ese mujerón de metro ochenta vestida con una lycra roja, un top blanco y con corazones que le colgaban de las orejas llorando me rompía el corazón en mil pedazos.

“El árabe esta en la clínica con la cara toda morada y mandó a meter preso al portugués por arrechera. Ya yo no sé que hacer chico, yo sólo quería un hombre que me llevara a cenar hoy y ya, y que me regalara una cartera Michael Kors o un reloj ¿es mucho pedir?”.

Le sequé las lágrimas, la tomé del brazo y la metí al gimnasio. “No te me separes en todo el día de encima, no quiero que ningún baboso me ande tocando”. Nos montamos en unas escaladoras y comenzamos a hablar de cualquier cosa. De allí nos fuimos a hacer piernas y cuando ya no podía cargar con tantas flores que tantos hombres le había traído decidió irse.

Me picó el ojo y salió con una sonrisa, lo que me prueba que siempre hay razones para ser feliz, así no sean las que verdaderamente nos hagan feliz.

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