Mi Amiga la Prepago y el karma

Lo crean o no el karma existe, es decir (en lenguaje cristiano), todo lo que se hace aquí, aquí se paga; creo que por eso cuando Mi Amiga la Prepago llegó a casa de El Negro en Barlovento y le abrió la mamá fingió demencia, se dio media vuelta y se fue. “Menos mal que Yorman no se había bajado de la camioneta porque ese si hubiese entrado a la casa a sacar a Héctor por las greñas”.

“Fue como si un espíritu me hubiese poseído Italiano” me dijo Mi Amiga la Prepago con un expresión de lástima en la cara que daban ganas de llorar. “Estaba ahí frente a la viejita con bastón toda arrugada, y creo haber visto a Héctor dentro de la casa… La señora no escuchaba bien y la casa se estaba como cayendo… Entonces le dije que estaba equivocada de dirección, que me disculpara”.

Pensándolo bien, dudo que Mi Amiga la Prepago sepa qué es el karma, claramente su sed de venganza no cesó por miedo a que se le devolviera la maldad; la vaina fue que estar frente a la mamá de El Negro la transportó a su infancia en Puerto, eso fue lo que la hizo retroceder; le recordó a su abuela, a sus tías y a esa manera de ser tan de pueblo, a esa inocencia fruto del desconocimiento de la malicia de las grandes ciudades.

“Por eso me fui de Puerto, porque yo no era así de buena y tampoco podía obligar a mi gente a ser como yo. Yo maquillaba a mi tías y a mis primas y las vestía todas sexys y después les daba pena salir. Yo no tenía peos y me iba pa’ misa con esos trapitos cortos y después a la plaza”.

Ni ayer ni hoy hicimos pesas, pasamos la dos horas de entrenamiento montados en la bicicleta hablando; me contó que cuando se montó en la blindada la cosa se puso bastante difícil, “Convencer a Yorman de que no le haríamos nada a Héctor por lástima fue un peo, por eso lo tuve que dejar en Puerto, ya no lo quería más encima y que me estuviese metiendo ideas malas en la cabeza. Pasé todo el fin de semana en una carretera Italiano, Valentina Quintero y yo”.

Terminó de echarme el cuento con una bebida de proteína sabor a chocolate en la mano y el firme propósito de dejar esta experiencia atrás o al menos eso creo yo, porque llegó Raúl, el último marido de turno, saltó como una chihuahua emocionada.

La vida de Mi Amiga la Prepago es como una recopilación postmorte de cuentos de un autor latinoamericano: tiene relatos dramáticos, cómicos, eróticos, etc. que fueron impresos en un papel muy delgado que hace que con el viento las páginas pasen muy rápido.

“Voy a terminar de desayunar en la cama de Raul, Italiano” me picó el ojo y se fue.

Adiós a Héctor, a el viaje a Barlovento, a la venganza, al drama… y uno “malpegado” por vainas que pasaron hace 2 años.

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