Mi Amiga La Prepago vuelve al ruedo

La ausencia de Mi Amiga la Prepago en el gimnasio me había generado sensaciones muy raras.

Estuve varios días deprimido, sin ganas de entrenar, fastidiado y con mucha flojera; pero luego comencé a sentir una comodidad que me empezó a gustar.

Me sentía libre de hacer el ejercicio que quisiera, de mirar y saludar a quien me diera la gana, con Mi Amiga la Prepago era imposible; se hacía lo que ella quería y estaba obligado a odiar a quien le caía mal; porque para eso estamos los amigos, para apoyarnos en todo, así no compartamos opiniones.

Las mañanas de entrenamiento transcurrían sin ninguna eventualidad, el gimnasio estaba callado, definitivamente Mi Amiga la Prepago le inyectaba a esas cuatro paredes una cantidad de emociones que las mantenían vibrantes.

Con el pasar de los días me comenzaron a preguntar por ella y entonces caí en cuenta de que esa comodidad no era más que una máscara de rebeldía.

Esta mañana mientras entrenaba comenzó a vibrar mi iPhone; cuando lo saqué del bolsillo alguien me llamaba por FaceTime. Es raro que un gimnasio tenga Wi-Fi, pero este era más que un gimnasio, era como un mundo paralelo.

Seguía detenido frente al iPhone y dudando si contestar o no, eran las 6:45 de la mañana quién me podría estar llamando por ahí. Moví el dedo gordo para contestar y mientras se achicaba la imagen de mi cámara se agrandaba la de Mi Amiga la Prepago haciendo ejercicio en una máquina rarísima.

“¡Ay Italiano! ¿Cómo no me dijiste que los aparatos éstos tenían video llamada por Wi-Fi vale? Diosa me pasó el dato y ahora vamos a poder entrenar juntos… bueno sólo cuando Richard se distraiga porque me trae de cabeza con lo mal que me trata. Me dice gorda, panzona, fofa, y me pone a hacer unos ejercicios que dejan mamada, con decirte que no puedo ni tirar”.

La escuchaba anonadado, estaba demasiado feliz. Detrás de mi se iban aglomerando más y más personas que la saludaban con demasiada alegría; Mi Amiga la Prepago era como esa hija que uno manda al exterior a triunfar.

Nos explicó los ejercicios que hacía, lo que comía… todos la mirábamos con admiración.

Cerró la llamada de golpe y por WhatsApp se despidió invitándome a una fiesta en la que bailaría “Vuelvo al ruedo Italiano, voy a aprovechar que Selene está de viaje con el papá para darle rienda suelta a mi sexualidad en el cuerpo de baile de Diosa”.

No sé si había sido Diosa o Richard los que le habían devuelto a Mi Amiga la Prepago sus deseos de prepago o simplemente el cambiar de ambiente le había despertado las ganas de volver a ser la misma, se le notaba diferente, no sé si renovada pero diferente. Me alegré por ella.

Los que estábamos viéndola por FaceTime nos quedamos un rato pensando y en las caras se nos notó las ganas de que volviera; nos dimos la vuelta y seguimos entrenando como si nada, porque cuando algo nos duele es mejor sumergirse en la rutina para intentar olvidarlo, y es que estamos tan acostumbrados a que nos falten cosas que no nos damos cuenta del vacío en el que vivimos.

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4 thoughts on “Mi Amiga La Prepago vuelve al ruedo

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