El regreso de Mi Amiga La Prepago

Y así como si nada, como si no hubiese estado 3 meses entrenando en otro gimnasio y haciendo uso de su memoria convenientemente selectiva, Mi Amiga la Prepago vuelve a nuestro gimnasio más estilizada que nunca, más solemne que nunca y sin ningún cuento entre dientes, no hay anécdotas, no hay chismes, no hay historias.

Mi Amiga la Prepago como buena Prepago es libre de cualquier atadura del ayer; ese es uno, que es esclavo del pasado.

Hace más de tres meses decidió irse a entrenar con Richard Linares en el gimnasio de Macaracuay bajo las influencias de Diosa Canales, su “amiga” del alma; se repotenció, eso si, está más divina que nunca, volvió a bailar junto a Diosa en sus espectáculos, se llenó de razones para ser “feliz” pero creo que nunca lo logró.

Allá, en el otro gimnasio, en el mundo real de las nuevas Prepagos, era una más; aquí es La Negra, nuestra Negra, Mi Amiga La Prepago. Cruzó las puertas de vidrio eléctricas del gimnasio y volvió a recuperar todo lo que era, todo lo que la hacia La Diosa de este gimnasio. Todos los hombres la volvieron a ver con deseo, todas las mujeres a odiar con la misma fuerza.

Yo estaba haciendo mis reglamentarios 45 minutos de escaladoras cuando sentí que me quitaron los audífonos; era ella: “¡Buenos días Italiano! ¿Me extrañaste?” Siempre el mismo saludo, la misma pregunta, el mismo inicio de todos los ciclos.

La miré, sonreí y de su boca salió una frase que me hubiese encantado grabar para escucharla después de cada uno de los desaires que me hará en el futuro: “Yo si te extrañé Italiano y bastante”. Fue, de nuevo, amor a primera vista.

Dedicado a Irene y a todos aquellos que retornan a casa como si nada hubiese pasado.

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Mi Amiga La Prepago es víctima de las redes sociales

Los continuos desaires vía WhatsApp de Mi Amiga la Prepago y la falta de expresividad para con los del gimnasio, fueron surtiendo efecto a tal punto de que ya no teníamos esperanzas de que La Negra siguiera siendo nuestra amiga ni mucho menos volviera a entrenar con nosotros.

Poco a poco se fue diluyendo la amistad entre los que conformábamos el Círculo de Oración por Mi Amiga la Prepago y volvimos a ser simples compañeros de gimnasio.

Las mañanas de entrenamiento transcurrían sin ningún sobresalto y en silencio, no había shows ni competencias y mucho menos tetas gritando “¡Tócame! ¡Tócame!”, era un gimnasio más de Caracas lleno de gente común y corriente.

Ayer después de entrenar fui a la oficina y luego, antes de irme a casa, pasé por el supermercado y me compré 6 latas de cerveza, estaba con el ánimo por el piso, extrañaba demasiado a Mi Amiga la Prepago y la única manera de comenzar a superarla era haciéndome daño físico, y la birra era perfecta para darme las calorías necesarias para arrepentirme hoy sobre la caminadora.

Llegué a casa, abrí una lata y comencé a recordar cada uno de los momentos felices junto a Mi Amiga la Prepago, tiempo después me puse a revisar Twitter y por casualidad vi un tweet de Diosa Canales que decía “Con mis amigas en Aruba” con una foto adjunta; lo abrí y posando sobre una moto de agua con Diosa y otra chama, estaba Mi Amiga la Prepago luciendo su mega culo.

Me comenzó a dar taquicardia, estaba a punto de un ataque de ansiedad, seguí viendo las fotos del viaje y en todas estaba Mi Amiga la Prepago pero con poses que no le favorecían: se le veía el culo lleno de huecos, la barriga tukky, una teta estaba más arriba que la otra y la cara de alcohólica era la protagonista del momento.

Me bajé la cerveza fondo blanco, me llené de valor y la llamé; era casi medianoche, luego de repicar varias veces contestó: “¡Italiano bello! Me tienes abandonadísima, como te explico…”, me volvió la vida la cuerpo.

Hablamos largo rato de todo, no tenía fuerza para decirle lo de las fotos, en una de esas me dijo que se había ido a Aruba con Diosa a pasar con ella el despecho por Melvin y que se había sentido la reina de la noche, fue entonces cuando le lancé lo de las fotos y se quedó callada. Esperé en silencio su reacción y al rato trancó la llamada.

Mi Amiga la Prepago no la estaba pasando bien al lado de Diosa y mucho menos entrenando en el gimnasio de Macaracuay con Richard pero como uno no experimenta en pellejo ajeno hay que dejar que cada quien se estrelle sólito contra el asfalto para que se de cuenta que tienen que usar casco; porque la amistad es un buen casco contra los golpes.

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