Mi Amiga La Prepago entra al tunel

No sé si es que en alguna vida pasada fui muy intenso o tal vez lo fui en el colegio y ahora mis reacciones siempre se quedan en lo superficial, en lo más externo de toda la situación, es como si no lograra, o inconscientemente, no quisiera ir más allá, más al fondo; por eso ayer cuando llegué a la sala de espera de la terapia intensiva del Hospital Universitario me bloqueé, comencé a evadir la realidad y a fingir que todo estaba bien.

Pero realmente nada lo estaba; y todos lo manifestaban con sus llantos desconsolados, ojos tristes y hombros caídos.

Todo el pasado, presente y futuro de Mi Amiga la Prepago estaba ahí, en ese pasillo con ínfulas de sala de espera, en el que todos esperaban por una señal que les devolviera las ganas de sonreír.

Los médicos entraban y salían de las puertas de terapia intensiva al mando de Fortunato, el papá de Selena (la hija de Mi Amiga la Prepago), quien hablaba por teléfono en italiano y español, y en paralelo cargaba a Selena y abrazaba con asco a la que imagino es la abuela.

Conocí a todos las personas que integraban los círculos en los que se movía Mi Amiga la Prepago: su familia más cercana, su familia de Puerto La Cruz, las mamás de la compañeritas de clases de Selena, las amigas Prepagos, las amigas de la peluquería, los maricos, los entrenadores, los policías, las fiscales de Corte Suprema, la manicurista, la que le vendía Avón; todas las personas para las que Mi Amiga la Prepago había estado (para darle una mamada, un consejo o una nalgada) hoy estaban ahí para ella.

Poco a poco todos nos unimos en una danza circular acompañada por unas Ave María que iluminaban ese pasillo ancho y tétrico por el que pasaban malandros balaceados, mujeres a punto de dar a luz y cadáveres.

Una de las veces que fui al baño escuché a Fortunato hablando por teléfono escondido: “No quisieron recibirla en ninguna clínica y la amiga puta, que la acompañó a operarse, la trajo para acá porque la tía es enfermera y le consiguió una cama… ¡No ya no la podemos sacarla porque está muy mal!  parece que le inyectaron algo equivocado para despertarla y le dio un paro y como la mierda esa en la que se operó no tenía terapia tuvieron que llamar a una ambulancia”. Cada palabra era como una puñalada, yo había venido inocentemente a traerle el dinero que le debía La Gocha del gimnasio y me consigo con esto.

Ni siquiera se me ocurrió comprarle unas flores o unos jugos o pasta seca; ni siquiera puede hablar con ella bien después de que me dijo que se iba a operar, se fue corriendo ¡Que cabeza dura! No me pude despedir y ahora, que capaz ya no la vea más, siento que no la valoré del todo.

Seguí ahí caminando y pensando en lo que iba a hacer mañana en el gimnasio, no podía caer en cuenta y sufrir la realidad, tenía miedo. No quería imagina a Mi Amiga la Prepago llena de tubos, quería recordarla sabrosona, divina, en lycras blancas y batiendo la melena.

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