Mi Amiga La Prepago se tiñe a lo Beyoncé

Hasta hoy las dobles vidas eran cosas de hombre y el respeto hacia sí mismas, ante todo, cosa de mujeres. No sé si fue que pasé demasiados días sin ver a Mi Amiga la Prepago o habrá sido el agua italiana, pero está mujer que me tropecé en el pasillo de los baños del gimnasio no era Mi Negra.

“¿Y a ti qué te pasó marica? Te copiaste de Beyonce o es que el aire italiano te destiñó las greñas?” le dije mientras me tropezaba intencionalmente con Mi Amiga la Prepago quien venía acompañada de una tipa no tan agraciada quien se convirtió en su boca “Tenías razón Susana, este gimnasio está lleno de loquitos mal educados y falta de respetos”, y se fueron hablando de mi y de todos los hombres que de seguro las iban a confundir con “Unas cualquiera”.

Seguí como si nada, como las otras mañanas en las que no estaba Mi Amiga la Prepago y pensando en lo que le dijo la tipa a Mi Negra “Tenías razón Susana”. No esperaba enterarme del nombre de Mi Amiga la Prepago hoy, había idealizado demasiado el momento en el que al fin me diría su nombre y dejara de ser La Negra y yo El Italiano.

Las estuve observando toda la mañana: esquivaban a todo el que les hablaba, lo miraban mal, se reían y cambiaban de máquina y así. Intentaba buscarle la mirada y se volteaba; era como si no fuese Mi Amiga la Prepago si no otra tipa en su cuerpo, una de esas sifrinas insoportables pero afro-descendiente.

No me quedó de otra que perseguirla con un circuito de ejercicio improvisado para ver si me decía algo; inmediatamente imaginé que estaba en una de sus tramoyas y resignado me fui a bañar para comenzar mi día laboral.

Las vainas con Mi Amiga la Prepago son muy raras porque aunque no me haya dado cuca me tiene pegado a ella; la extrañé mucho, quería que me contara todo acerca del viaje a Italia y cómo le fue siendo la nana de Selena (su propia hija) para poder meterse en la familia de Fortunato y que la esposa no sospechara.

Llegue a mi locker para buscar la toalla y me estaba esperando Fanta.

Fanta es el entrenador de Mi Amiga la Prepago desde antes de ser Prepago, él fue el que sacó la nevera que tenía por cuerpo y la hizo una mami; es como el chivo del gimnasio y de vez en cuando nos marcaba unos ejercicios.

“La Negra te manda a decir que de ahora en adelante la llames la Susana si le vas a hablar. Hoy comenzó a entrenar con la mujer de Fortunato así que tenemos que estar pilas y no dejarla caer con los kilos, está viviendo con ellos aquí en Campo Alegre y cuida a la chama y tal y bueno, tu sabes como es” y se fue.

Todos en el baño me miraban con admiración, Fanta es un icono del fisicoculturismo y un Dios dentro del gimnasio, sólo habla con personas importante y por lo visto ahora yo era una de ellas.

Me bañé rápido, me vestí y salí, quería encontrarme a Mi Amiga la Prepago y despedirme llamándola Susana; y así lo hice.

Me presentó a Vitalba (la esposa de Fortunato), me disculpé por lo de esta mañana, le dije que era una joda y hablamos un rato. Mi Amiga la Prepago hablaba refinadamente, su tono servicial denotaba respeto hacia la señora y su cabello desteñido le daba un aire de mujer respetable. Vitalba nos dejó solos por un momento, yo no aguanté y le dije todo lo que sentía. No podía creer que la mujer que me había inspirado a hacer cosas, a enfrentarme a quien me jodía, a dejar los prejuicios y a mearme en el romanticismo porque “El sexo es lo que mueve a todo el mundo” ahora era una cachifa que se conformaba con que el amor de su vida se la cogiera a escondidas en la noche.

“Aunque sea me cogen” me dijo entre dientes y sin mover los labios, y yo seguía hablando de amor y ella del semen de Fortunato chorreándole de la cuca después de habérsela cogido sobre la lavadora. Yo le pregunta por sus sueños y el futuro, y ella me describía las mamadas que le echaba en las madrugadas cuando Fortunato se aparecía en su cuarto y la despertaba pegándole con el webo en la cara.

Perdí la guerra cuando me dijo que no parecía italiano, qué donde estaban mis ganas de andar cogiéndome a la primera negra que se me atravesara, que no tenía pinta de montarle cachos ni a mi almohada con un cojín; y la dejé hablando sola porque su descripción de Fortunato me recordó a mis tíos que son todos unos monta cachos.

Salí del gimnasio asqueado imaginándome el semen espeso de Fortunato. Cuestioné mi vida y hasta me pregunté si me hace falta tener una más, una en la que debería ser otro, pero que va, a mi no me criaron así, yo crecí sabiendo que en la vida hay que sacrificarse y no mamarla.

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