Comencé a entrenar en la noche

Nunca entendí a esa gente de la universidad que se cambiaba al horario nocturno porque no soportaba el show de los alumnos del horario matutino, hasta ayer que me vi en medio de un poco de adolescentes que acaparaban todas las máquinas del gimnasio gritando, saltando y hasta bailando.

Estudiar en la Santa María nunca me pegó, es más, me divertía demasiado el show matutino de los estudiantes que iban a la universidad como si fuesen a Margarita; pero ¿showcitos en el gimnasio? el lugar en el que voy a drenar, no estoy listo para soportarlo.

La semana pasada sólo hice bicicleta; la máquina de cardio’ de los noventa que nadie usa. Sentado en una de ellas, al fondo del gimnasio, pasé las dos horas de entrenamiento mientras veía el fin del mundo: un poco de niñas queriendo ser mujeres, muchachitos levantando peso como si se fuesen a convertir en fisicoculturistas en un día; el período de vacaciones había comenzado y el resto de los que entrenábamos íbamos perdiendo terreno.

Mi Amiga la Prepago estaba desaparecida, el joyero judío la invitó a su casa a una orgía con “otras amiguitas de él” y cuando llegó se consiguió a 5 puticas “Que ni las tetas tenían echas Italiano y a las que después de cogérselas, una por una delante de mi, les pagó 2 mil y me mandó a pedirles un taxi. Me sentí súper mal Italiano no quise que me metiera ni un dedo, ya yo no estoy para esto chico”.

Creo que todo es culpa de la rutina. Cuando nos acostumbramos a algo, nos sentimos cómodos con el proceso, depositamos cierta cantidad de sentimientos en lo que hacemos y con quien lo hacemos. A Mi Amiga la Prepago a veces se le olvidad que antes de ser Prepago, ella fue mujer, y las mujeres son tan humanas como los hombres, y los humanos rutinarios le ponen el corazón a las cosas que hacen.

Se lo dije en un mensaje y no me respondió, la he estado llamando y me tranca: le duele. Hace un par de años que estoy a su lado y conozco sus movimientos. Mi Amiga la Prepago deposita en el hombre que se la coge más de 6 veces una serie de sentimientos que hace que se le olvide que sexo es sexo.

Pero bueno.

El viernes me levanté con la tolerancia en cero y decidí que no iba a entrenar más en las mañanas, así que fui al gimnasio en la noche.

Tenía miedo de comenzar de nuevo, en la noche no conozco a nadie y sin Mi Amiga la Prepago todo iba a ser muy difícil. Camino al gimnasio hice otro intento de comunicación con ella, le mandé un mensaje: “No soporto a los adolescentes calientes entrenando en la mañana, me cambiaré para la noche” le dije con la esperanza de que me respondiera con unas de sus patadas, pero nada.

Llegué al gimnasio y me sentí en casa: en la recepción estaba otra Gocha, está más amable y bonita que la de la mañana, en las máquinas pura gente adulta, todos con sus audífonos, muy serios, cada quien en su peo, los entrenadores eran otros, se veían más panas. Me cambié y fui a calentar a las caminadoras, puse en modo repetir la nueva canción de Marc Anthony Vivir Mi Vida y comencé a sudar. Ya en el segundo coro estaba soñando a pleno hasta que me jalaron el audífono derecho, me caí de la nube.

“¡Hola Italiano! ¿Me extrañaste?” ¡La madre que la parió! La frase que marcó un antes y un después en mi vida, se me aguaron los ojos, habían pasado dos semanas sin verla y estaba hermosa, la necesitaba.

“Si vas a llorar, llora de una, porque a penas me monte en la caminadora de al lado comenzamos otra vida, borramos toda las mierda de antes: al negro marico, a los portugueses, al mamawebo de Fortunato y su esposa infértil ¡a todos! soy otra Italiano, es más vámonos a hacer bicicleta, quiero cambiar de máquina hoy y cambiar de vida, hasta de marca de hilo cambié”.

Estaba sudando de la emoción y con taquicardia, la seguí y aprecié algo más noventoso que las bicicletas: unas extensiones que Mi Amiga la Prepago se había puesto que le llegaban al culo; se volteó y me dijo “¿Qué te parece mi melena? Una ayudaita mientras me crece nunca está de más”.

Que habilidad tiene la muy puta de reiniciarse una vez cada dos meses, y pensarán que es engaño pero no, su actitud era otra, sus ganas se habían renovado ¿Cómo hace?

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Mi Amiga la Prepago & La Costumbre

Después de 6 visitas seguidas durante una semana, otro Mulco, un ChronoSport, un Victorinox, un Suunto y un brazalete imitación Cartier, Mi Amiga la Prepago dejó de cobrarle al Joyero Judío. “Me estoy convirtiendo en una puta Italiano, ya no le acepto nada, sólo quiero que me de placer”.

Y si, después de un tiempo lo comenzamos a hacer por placer, nos volvemos unas putas de las emociones, del tiempo, de la rutina, de la ciudad, de la noche, de la nevera. Nos prostituimos de gratis para sentirnos después vulnerables, sabernos de carne y hueso; nos violamos una y otra y vez, y a veces tenemos el tupé de sentirnos ultrajados.

Los encuentros de Mi Amiga la Prepago y Joyero Judío seguían siendo en el mismo lugar: el cuartito de atrás de la joyería en el Centro Lido; los relojes dejaban de sonar y Mi Amiga la Prepago sólo podía escuchar el flujo vaginal bañando el delgado cilindró de metal, normalmente usado para las medidas de los anillos, entrando y saliendo de su vagina.

“Ese Judío me trae loca, todo los días los mismo, es la rutina más divina en la que he vivido”. Mis erecciones nos acompañaron en la caminadora durante las mañana de entrenamiento en las que fui víctima de los polvos que el Joyero Judío le echaba a Mi Amiga la Prepago.

Antes de que Selene saliera del colegio y justo después de haber sudado en el gimnasio, un ligero movimiento de tela dejaba al descubierto los labios vaginales carnosos de Mi Amiga la Prepago. “Cada día me mete algo diferente para abrirme, me dice que no quiere lastimarme con su instrumento de carne”.

Y Fortunato perdía terreno.

Ya casi se cumplen los dos meses de la noche del secuestro, de la promesa de ser felices juntos, de la humillación callejera y es hombre ni un mensaje ha mandado. Mi Amiga la Prepago a diferencia de muchos no pasa sus guayabos bebiendo, los pasa con hombres adentro, sintiéndose mujer y llenándose de banalidad.

Ojala no se arrepienta como lo hacemos los mortales.

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