El Club de los Corazones Rotos de Mi Amiga La Prepago

Las continuas desapariciones de Mi Amiga la Prepago me hacían sentir miserable.

Está con un hombre, lo cambia, se enseria, se embaraza, decide formar una familia, desaparece, vuele al gimnasio, se tira al nuevo entrenador, se embaraza, se desaparece, se mete a santera, decide convertirse en judía pero se reencuentra con la Rosa Mística en el proceso. Toma la decisión de correr maratones y se tira a la mitad de los runners de Los Palos Grandes. Se deprime y decide reencontrarse con su familia, comete incesto queriendo formar una familia con su medio hermano, se vuelve a embarazar, aborta, se tira al médico después del aborto, los descubre un enfermero y hacen un trío. Se enamora del médico, se muda con él y comienza a tirarse al hijo del médico; la botan de la casa, destruye otra familia, la tercera del mes; vuelve al gimnasio y le hace sexo oral al dueño para no tener que pagar el mes y termina tirando con él…

Ella va y viene, cambia de vida como de pantaletas, se adapta a las situaciones transformándose totalmente, interpretando a mujeres diferentes con metas diferentes, mas que un Prepago es una actriz; mientras que yo, en el público, vivo una vida aburrida que intenta girar entorno a ella porque es lo más emocionante que me ha pasado en años. Soy un hombre más de los que usa, y ella para mi lo es todo.

Después de dejar a Elías sé que estuvo con uno de éstos que llaman bolichicos; esos que tienen un poco de cables encima de lo enchufados que están. Me enteré en los pasillos del gimnasio que había abortado el bebé que “con amor” había gestado con el árabe, dejando a su propia familia en una ruina emocional. Elías es su medio hermano y el papá y los otros hermanos la amaban con pasión y locura; tanto así que haberse embarazado los había llenado de felicidad.

La Negra, como en cada nueva etapa de su vida por no decir con cada nuevo hombre, cambia el celular. Los entrenadores del gimnasio y el dueño, bastante panitas, me echaban los cuentos que les llegaban y con suspiros extrañaba aquellos días en los que compartíamos cuentos, entrenábamos juntos, nos burlábamos de todo el mundo… éramos amigos.

La vaina con el bolichico no había resultado tan bien. Me contaron que se mudó con el chamo a La Lagunita, que se tiñó de rubia, que vivía de fiesta en fiesta; que conoció todas las islas del Caribe en la avioneta del enchufado, le compraron relojes caros, ropa de marca… también supe que los regalos eran forma de pago de los shows que tenía que hacer, junto a la otras novias, en la fiestas donde las drogas y el alcohol sobraban. Le tocaba bailar en el tuvo, prestar sus tetas y nalgas para que se jalaran líneas de coca, hacer mamadas colectivas y demás actividades del ramo.

Nunca había sentido que Mi Amiga la Prepago cayera tan bajo por dinero o placer, la desconozco tanto que ya no sé porqué se hace tanto daño.

El horario nocturno del gimnasio estaba lleno del Club de los Corazones Rotos por La Negra. Un poco de tipos que nos habíamos unidos para pasar la falta de Mi Amiga la Prepago; ellos extrañaban sus polvos, yo su amistad. No entendía porque me había hecho parte de ese grupo pero a falta de amigos ellos me hacían bien; tampoco entendía porque ellos no se tiraban a otras carajas y yo no me buscaba a otras amigas.

La Negra es irremplazable.

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