Mi Amiga La Prepago y sus varios escoltas.

Mi Amiga la Prepago volvió. Así como vuelve la luna llena, así como vuelve la regla, así como vuelven las ganas desesperadas de vivir mejor, de ser otra persona, de lograr lo que tanto se quiere. Mi Amiga la Prepago se va y viene sin avisar; como el frío en la noche, como la tristeza en medio de un suspiro, como los recuerdos de momentos de felicidad vividos que nunca volverán.

Lleva días entrenando en el gimnasio, creo que ya cumplió las dos semanas y aún no doy por sentado que está aquí de nuevo entre nosotros. Se pasea y sonríe como si no se hubiese tirado a medio gimnasio, besa suavemente los cachetes de todos los que le pican el ojo como si esos labios no hubieran mamado cuanto webo se le atravesaba.

Regresó triunfante, como siempre; con unos cuatro kilos menos, tal vez por la cocaína, los trasnochas y las fiestas, con el cabello largo, muy largo y negro azabache, que hace que sus ojos falsamente azules te apunten como pistolas listas para robarte la vida.

Me trajo un montón de regalos, como si se hubiese ido de viaje, todos estos días me he estrenado ropa y zapatos, y todavía me quedan piezas nuevas, me pagó seis meses de gimnasio, varios potes de proteína en polvo y hace que uno de sus tantos escoltas me acompañe hasta mi casa.

Ya no es La Negra de antes, o si lo es pero anda disfrazada la muy puta. Ya no se tira al dueño del gimnasio por interés ni a los entrenadores, ya no le hace sexo oral en el baño a nadie, no puede, los escoltas no la dejan sola ni un momento. Atrapó a un pez gordo y ahora disfruta de su victoria luciendo todo lo que tiene y dando dádivas diestra y siniestra.

Me pregunto si todo esto son grandes limosnas o es que nos está comprando. Ahora que se compró una mansión, una avioneta, cinco camionetas con diez escoltas, muchos relojes, zapatos y ropa, decidió comprarse unos amigos.

Me da ladilla escucharla. Sus cuentos de Negra millonaria me dan nauseas. Ella llega muy digna como si nada hubiera pasado y nos pone unos parchecitos en los ojos para que no veamos hacia atrás. Nos ahoga con regalos y cuentos y fotos en Saint Barths. Me nubla los sentidos. He perdido el olfato, ahora huele a Cartier y no es posible apreciar otro aroma con ella al lado. Su voz, su presencia, su cuerpo exuberantemente abultado me ahoga.

“¡Me encanta volver a reencontrarme contigo Italiano!” y me gasta la pila del celular escribiéndome por WhatsApp y mandándome fotos cada dos minutos de las pantaletas, del sostén, recién levantada, en la tina de baño, del desayuno, de las rumbas, de novio bolichico durmiendo a su lado…

Hace que quiera otras cosas para mi futuro, me hace cuestionar mis visualizaciones sencillas en las que ser feliz era el ideal.

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