El Legado Mi Amiga La Prepago

Desde hace dos semanas no voy al gimnasio; mi única motivación, aunque en algún momento fue verme físicamente bien, era Mi Amiga la Prepago. Sus críticas, insultos e inventos me hacían el día, no necesitaba más nada, es que ni los insultos de mi jefe podían quitarme la sonrisa de la cara.

Sólo con recordar sus tetas prensadas contra el strapless de lycra que hacía que a más de uno se le parara, la totona marcada como una cuneta y la melena batiéndose como una bandera buscando webo, me hacían olvidar cualquier problema, todo era posible de hacer.

Y así son todas sus amigas, al menos las Prepagos que se paseaban por el pasillo de la sala de espera de la terapia intensiva del Universitario. Unas ganadoras de la vida nocturna, unas rockstars de las calles caraqueñas, unas emprendedoras del mercado económico venezolano. Hacían turnos para no dejar de mandarles energías positivas a La Negra: “Su maestra del tubo”, “La que nos enseñó a mamalo sin mojalo”, “La que nos dio los tips pa’ cogelo y paltilo”. Putas iban y venían, olían a crema barata, maquilladas de la noche anterior, dormían en colchonetas y de vez en cuando iban al baño a darle un servicio a algún médico.

Fortunato y Selene seguían allí, eran como espíritus disecados de tanto llorar, y la Mamá de Mi Amiga la Prepago, igualita a ella pero como del interior, no valía ni medio.

Desde hace dos días me dejaron entrar. Mi Amiga la Prepago era una más, atrás había quedado ese cuerpo que convulsionaba el gimnasio. Está igual de buena, un poco más flaca y llena de tubos, como todos los de la sala. No tenía ganas de llorar, creo que verla desnuda en medio de esos balaceados me impedían sentir lástima.

“Sobre la mesa hay agua con yodo y una gasas pa’ que le quites los pajazos” me dijo una de las enfermeras “En la noche esto es un festín. Se vienen a pajear en grupos los morbosos estudiantes esos de medicina ¡No me la tocan! ¡Ni de vaina! Porque la siento como mi hija, pero si se dan duro los muy hijo ‘e putas”. Entonces si rompí a llorar y le lavé las piernas y el estómago y los brazos, estaba toda llena de semen.

Su cuerpo violado me recordó las miles de veces que he sido pisado, y las veces que escuchado cuentos de abusos de poder, porque esto ya no es prostitución, esto es un peo de poder, Mi Amiga la Prepago inmóvil es víctima del morbo de unos cuantos ¿Cuánta veces no hemos sido víctimas nosotros? Y comencé a hablarle y se movía y abrió los ojos y balbuceaba palabras. “Ella está pilas mijo…” me dijo la enfermera entrometida “…y le gusta que se pajeen encima de ella…” y me sequé las lagrimas con la bata médica y me comencé a reír “… deja de llorar carajito que el corazón de esta Negra ya está pronto a recuperarse, como el corazón de cualquier mujer que ha sido herida, tarda pero siempre vuelve a ser el mismo”.

Fortunato me dio la gracias por lavarla y me confió que el fin de semana la cambiaría a una clínica “No soporto este showcito de putas aquí afuera, no quiero que la beba vea esas amigas de su mamá”. Me dio su número para que lo llamara.

La sobredosis de anestesia le había causado un leve infarto en parte baja del corazón ¡Cuantas veces deseé tener el corazón anestesiado! y mira que malo es.

Fui al baño a cambiarme antes de irme y en todos los cubículos había putas mamando webo ¿En qué habían convertido el legado de Mi Amiga la Prepago? Ya esto es demasiado. Prostituyen su cuerpo, prostituyen su corazón, prostituyen sus totonas, prostituyen sus sentimientos. Se desocupó uno de los cubículos, salió una catira ajuro y un enfermero “Son 400 papi”.

¡Todo es tan prostituible! ¡Todos somos tan prostituibles! Hoy estamos, mañana no, y si nos vamos ¿Qué hicimos? Estas carajas son felices, tienen lo que quieren: “rial, mucho rial” y quien le niega la felicidad si ese es su objetivo.

Tenemos que cambiar rápido de estrategia, así tengamos que prostituir nuestros sentimientos, este legado de Mi Amiga la Prepago tiene que ser divulgado.

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