Mi Amiga La Prepago al rescate

El jueves tuve una reunión de trabajo por El Marqués. Entrené en la mañana e invité a Mi Amiga la Prepago a que me acompañara sólo por ese día ya que estábamos entrenando en la noche. “Me da ladilla Italiano ¿madrugar pa’ ponerme más buena de lo que estoy? ¡no bebé! ya yo estoy divina, iré en la noche como siempre si es que no me salé un viajecito sorpresa”. Entrené solo, como siempre, porque cuando entrenamos juntos entre los escoltas y los carajos que se la quieren coger, es como si no estuviera.

Salí de la oficina y fui a la reunión. Se extendió un poco y salí como a eso de las 7 de la noche, iba rumbo a mi casa cuando me estacioné es una cola. Pasé como media hora ahí y decidí recortar camino; comencé a seguir a varios carros que se metieron por una calle, rodé bastante rato hasta que la caravana de automóviles que seguía se fue saliendo en diferentes lugares, seguí solo teniendo el Ávila siempre a un lado y de repente me encontré perdido en un barrio.

Las calles eran cada vez más pequeñas y solitarias, no había nadie en ellas, seguía rodando y me sentí manejando en círculos. Se me comenzó a acelerar la respiración, comencé a temblar como un chivo cuando presiente que lo van a matar.

Me dicen que soy bastante creativo y que imagino cosas con mucha facilidad; vi mi muerte reseñada en los diarios del viernes unas 16 veces. Estaba demasiado nervioso. No tenía control de mi, simplemente pisaba el acelerador y cambia las velocidades. Pregunté a varias personas cómo llegar a la autopista o a la Francisco de Miranda y todos respondían lo mismo “No soy de aquí pana”. ¿En serio? ¿“No soy de aquí pana”? ¡Entonces que coño hacen por ahí!.

Seguía a autobuses y cada vez más entraba en el barrio. Estaba Petare adentro, con cara de asustado y lleno de miedo. Lancé todas mis pertenencias atrás, le bajé la luz de la pantalla al iPhone e intenté ver Google Maps pero no tenía señal. No podía llamar, no podía enviar mensajes, estaba incomunicado. Seguí rodando sin rumbo fijo y con la mente desorbitada, estaba sin control. El barrio se comenzó a transformar en una especie de urbanización con subidas muy empinadas, no me sentía en Caracas. Ya no había carros, ni personas, ni luces encendidas; comencé a llorar.

Parecía un niño que se cayó y raspó las rodillas, lloraba y lloraba y hacía pucheros como un bebé. Me detuve sin esperanzas, ya no podía seguir rodando porque llevaba una hora cagándola.

Me paré delante de un edificio en el medio de una calle, era el único que tenía bombillo en la puerta, puse el freno de mano e imaginé lo peor. Volví a revisar el celular y nada, lo puse en Modo Avión y nada, lo prendí y lo apagué y seguía igual. Pensé en bajarme, tocar algún timbre, pedir ayuda, recé un Padre Nuestro y de repente comenzó a sonar el celular. Me temblaban las mano, me costó contestar, ni siquiera vi quien era, sólo dije ¿Aló?.

“Italiano ¿por qué no viniste a entrenar?”. Tranqué la puerta del carro y me volví loco, lloraba con una jeva, daba pena ajena. Era ella, no lo podía creer, me traté de calmar, ella se alarmó burda “¿Qué coño te pasa? ¿Dónde estás?”. Le dije que estaba perdido, que no sabía en que lugar estaba. “No te muevas, quédate ahí que ya voy para allá” trancó.

Me calmé un poco pero me volvieron lo nervios al descubrir que no me agarra de nuevo la señal y que ni siquiera le dije como llegué hasta ahí. ¿Cómo iba a saber donde estaba? Era imposible que me encontrara.

Seguí rezando como un loco, me arrepentí de todos mis pegados e intenté calmarme, habían pasado unos 10 minutos cuando escuché el sonido de unas motos. Estuve a punto de orinarme del miedo, las motos venía hacía a mi, eran 4. Mientras más cerca estaban menos velocidad tenían, se detuvieron al lado del carro, me dije a mi mismo, chamo aquí fue.

“Italiano soy yo, baja el vidrio”. No saben todo lo que sentí. Su voz fue un canto angelical. Abrí la puerta, me bajé y me abrazó. “Ya pasó bebé, estoy aquí contigo”.

Me monté con ella en la parte de atrás del carro, uno de sus escoltas comenzó a manejar, me dio agua y le pregunté que como me había conseguido. “Hay algo que tu nunca has entendido y es que tú y yo tenemos una conexión especial Italiano, yo siempre voy a saber dónde y cómo estás…” Bajé el vidrio, ella siguió hablando, necesitaba aire.

Deje de escucharla por un momento y comencé a pensar en frío todo lo que había pasado; la llamada inesperada de La Negra cuando no tenía señal, la llegada veloz, ¿en serio tenemos una conexión? En los últimos meses no he hecho más que odiarla por puta, por nueva rica, por estúpida; no soportaba a su novio bolichico, ese nuevo estilo de vida, los 6 escoltas, las ínfulas, está más Prepago que nunca, lo cuentos de la orgías, las coca, las fotos en el yate desnuda…

Me recostó en sus hombros y en un instante llegamos a mi casa. Se recordaba perfectamente en donde vivía. No tenía palabras para agradecerle, no me salía ni aire de la boca, le di un beso, ella me sonrió y se montó en una de las 3 motos que nos escoltaban.

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El secuestro de Fortunato

Todo tiene fecha de expiración, incluso las mentiras.

Un cacho, que es una mentira, puede que aguante por años escondido con la intención de no hacer daño; o como lo de Selena, la hija de Mi Amiga La Prepago y Fortunato, que en la familia de Fortunato creen que es hija legítima de su matrimonio; pero una mentira disfrazada de cachifa con otra buena intención, no iba a durar mucho, es como los espermatozoides que a penas caen en la superficie que no es, se mueren.

Hoy no fui al gimnasio, no puede, no dormí nada anoche. Mi Amiga la Prepago me llamó como a la 1am para darme una muy mala noticia: habían descubierto el parapeto en casa de Fortunato gracias a que, luego que lo secuestraron, Mi Amiga la Prepago lo encontró en menos de una hora.

La primera llamada de los secuestradores fue a las 9 de la noche, hora en la que regularmente Mi Amiga la Prepago, en su papel de cachifa, y con excusa de bajar la basura, se encontraba con Fortunato en los maleteros y echaban uno.

Fortunato nunca llegó por lo que Mi Amiga la Prepago subió arrecha al apartamento a buscar el celular para llamarlo. Cuando entró por la cocina se consiguió a la esposa de Fortunato llorando y hablando con la policía.

En cuestiones de minutos ya estaba toda la familia de Fortunato en el apartamento; el sueño de Mi Amiga la Prepago de conocerlos se había hecho realidad sólo que no era el momento perfecto.

“Yo lo que hice fue agarra a Selena y meterle una pastilla, la acosté y me encerré en el cuarto de servicio Italiano y recordé que un wirchito que yo me había tirado hace tiempo era el que estaba mandando en la banda que secuestra por aquí por Campo Alegre y lo llamé, el muy hijo de puta tenía a Fortunato y me volví como loca, le comencé a gritar…”, y entonces se dio cuenta que toda la familia, incluyendo a la mujer de Fortunato habían corrido al cuarto de servicio para ver que estaba pasando.

“Me quedé callada y fría, tenía la misma sensación de cuando me dijeron que había quedado preñada a los 15. La mujer de Fortunato se había transformado en un monstruo y me agarró por lo pelos y me sacó del apartamento por la puerta de servicio. Creo que escuchó las miles de veces que grité: me sueltan a mi marido ya y todas las estupideces que dije”.

A Selena también la sacaron por la puerta de servicio “Cosa que me arrechó como nada me había arrechado antes; es que ni ver como me lanzaba la ropa por la ventana me afecto”.

Fortunato llegó a los 15 minutos del show y se topó con ese peo prendido en calle. Mi Amiga la Prepago había llamado a una amiga para que la buscara y estaba esperando en la acera. Fortunato las alcanzó, las abrazó y luego las montó en el carro, “Me dijo una de las cosas más hermosas que nadie me ha dicho nunca Italiano: ‘Esta noche aclaro todo con mi mamá, ustedes no se merecen esto'”.

Amanecimos hablando por celular, Mi Amiga la Prepago no paró de llorar en toda la madrugada, no sé si fue porque al fin se acercaba su momento de ser feliz o porque la echaron a la calle como una gata ladrona.

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