Mi Amiga La Prepago al rescate

El jueves tuve una reunión de trabajo por El Marqués. Entrené en la mañana e invité a Mi Amiga la Prepago a que me acompañara sólo por ese día ya que estábamos entrenando en la noche. “Me da ladilla Italiano ¿madrugar pa’ ponerme más buena de lo que estoy? ¡no bebé! ya yo estoy divina, iré en la noche como siempre si es que no me salé un viajecito sorpresa”. Entrené solo, como siempre, porque cuando entrenamos juntos entre los escoltas y los carajos que se la quieren coger, es como si no estuviera.

Salí de la oficina y fui a la reunión. Se extendió un poco y salí como a eso de las 7 de la noche, iba rumbo a mi casa cuando me estacioné es una cola. Pasé como media hora ahí y decidí recortar camino; comencé a seguir a varios carros que se metieron por una calle, rodé bastante rato hasta que la caravana de automóviles que seguía se fue saliendo en diferentes lugares, seguí solo teniendo el Ávila siempre a un lado y de repente me encontré perdido en un barrio.

Las calles eran cada vez más pequeñas y solitarias, no había nadie en ellas, seguía rodando y me sentí manejando en círculos. Se me comenzó a acelerar la respiración, comencé a temblar como un chivo cuando presiente que lo van a matar.

Me dicen que soy bastante creativo y que imagino cosas con mucha facilidad; vi mi muerte reseñada en los diarios del viernes unas 16 veces. Estaba demasiado nervioso. No tenía control de mi, simplemente pisaba el acelerador y cambia las velocidades. Pregunté a varias personas cómo llegar a la autopista o a la Francisco de Miranda y todos respondían lo mismo “No soy de aquí pana”. ¿En serio? ¿“No soy de aquí pana”? ¡Entonces que coño hacen por ahí!.

Seguía a autobuses y cada vez más entraba en el barrio. Estaba Petare adentro, con cara de asustado y lleno de miedo. Lancé todas mis pertenencias atrás, le bajé la luz de la pantalla al iPhone e intenté ver Google Maps pero no tenía señal. No podía llamar, no podía enviar mensajes, estaba incomunicado. Seguí rodando sin rumbo fijo y con la mente desorbitada, estaba sin control. El barrio se comenzó a transformar en una especie de urbanización con subidas muy empinadas, no me sentía en Caracas. Ya no había carros, ni personas, ni luces encendidas; comencé a llorar.

Parecía un niño que se cayó y raspó las rodillas, lloraba y lloraba y hacía pucheros como un bebé. Me detuve sin esperanzas, ya no podía seguir rodando porque llevaba una hora cagándola.

Me paré delante de un edificio en el medio de una calle, era el único que tenía bombillo en la puerta, puse el freno de mano e imaginé lo peor. Volví a revisar el celular y nada, lo puse en Modo Avión y nada, lo prendí y lo apagué y seguía igual. Pensé en bajarme, tocar algún timbre, pedir ayuda, recé un Padre Nuestro y de repente comenzó a sonar el celular. Me temblaban las mano, me costó contestar, ni siquiera vi quien era, sólo dije ¿Aló?.

“Italiano ¿por qué no viniste a entrenar?”. Tranqué la puerta del carro y me volví loco, lloraba con una jeva, daba pena ajena. Era ella, no lo podía creer, me traté de calmar, ella se alarmó burda “¿Qué coño te pasa? ¿Dónde estás?”. Le dije que estaba perdido, que no sabía en que lugar estaba. “No te muevas, quédate ahí que ya voy para allá” trancó.

Me calmé un poco pero me volvieron lo nervios al descubrir que no me agarra de nuevo la señal y que ni siquiera le dije como llegué hasta ahí. ¿Cómo iba a saber donde estaba? Era imposible que me encontrara.

Seguí rezando como un loco, me arrepentí de todos mis pegados e intenté calmarme, habían pasado unos 10 minutos cuando escuché el sonido de unas motos. Estuve a punto de orinarme del miedo, las motos venía hacía a mi, eran 4. Mientras más cerca estaban menos velocidad tenían, se detuvieron al lado del carro, me dije a mi mismo, chamo aquí fue.

“Italiano soy yo, baja el vidrio”. No saben todo lo que sentí. Su voz fue un canto angelical. Abrí la puerta, me bajé y me abrazó. “Ya pasó bebé, estoy aquí contigo”.

Me monté con ella en la parte de atrás del carro, uno de sus escoltas comenzó a manejar, me dio agua y le pregunté que como me había conseguido. “Hay algo que tu nunca has entendido y es que tú y yo tenemos una conexión especial Italiano, yo siempre voy a saber dónde y cómo estás…” Bajé el vidrio, ella siguió hablando, necesitaba aire.

Deje de escucharla por un momento y comencé a pensar en frío todo lo que había pasado; la llamada inesperada de La Negra cuando no tenía señal, la llegada veloz, ¿en serio tenemos una conexión? En los últimos meses no he hecho más que odiarla por puta, por nueva rica, por estúpida; no soportaba a su novio bolichico, ese nuevo estilo de vida, los 6 escoltas, las ínfulas, está más Prepago que nunca, lo cuentos de la orgías, las coca, las fotos en el yate desnuda…

Me recostó en sus hombros y en un instante llegamos a mi casa. Se recordaba perfectamente en donde vivía. No tenía palabras para agradecerle, no me salía ni aire de la boca, le di un beso, ella me sonrió y se montó en una de las 3 motos que nos escoltaban.

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El aborto emocional de Mi Amiga la Prepago

Somos seres sumamente complejos, tanto física como emocionalmente, y no lo digo yo sino especialistas que han pasado décadas intentando entendernos y no lo han logrado; es que si ni uno mismo se entiende imagínense alguien ajeno a uno, no llevan chance.

Aprender a entenderse es difícil, estamos muy ocupados viviendo, entrenando, sonriendo, haciendo colas, aceptando a los que nos rodean; de vaina cuando cagamos o nos bañamos nos conseguimos con nuestros yo interno y como es muy poco tiempo no profundizamos, nos olvidamos conformándonos con lo superficial, los deseos más básicos, parches perfectos para las angustias y que nos ayudan a tapar una serie de calles con curvas que se conectan y entrelazan y enredan y se hacen autopistas y vuelven a ser carreteras y pasajes que unen a la mente con el corazón; por eso funcionan por separado, es muy pelúo que uno llegue al otro y asimile lo que quiere decirle.

Mi Amiga la Prepago no tiene conectado el corazón con la mente, ella tiene conectada la mente con la cuca, por eso me cuesta tanto entenderla y odio sus juicios de valor y sus consejos errados, y amo que sea tan básica y que me recuerde que mientras a ella la recorre una sola calle de arriba a abajo, a mi me atraviesan millones de caminos que hacen que mi mente no se conecte con mi corazón.

Estaba camino al gimnasio cuando Mi Amiga la Prepago me llamó alterada, iba camino a La Guaira a verse con “un amigo”, dejó a Selena con la abuela e iba autopista abajo a drenar “todo esto que me está pasando”: Elías, el compromiso, la familia de Elías, su nueva familia, el loft en Campo Alegre, una posible boda, el segundo hijo, engordar, dejar el gimnasio, depender económicamente de un hombre, etc.

¿Y no era eso lo que siempre quisiste? le pregunté y no me supo responder: que si era pero no así, que era mucho para este momento, que si era el momento pero no la etapa, que ella necesitaba menos pero a la vez quería más.

¿Quién es ese amigo al que vas a ver? ¿Vas a tirar con él? “Si Italiano, necesito que me cojan vale, Elías lo que hace es hablarle a la barriga y el webote que tiene es un adorno chico, ni se le para, se lo agarro y él lo que quiere es acariciarme la barriga y así yo no puedo”.

¿Y qué le dijiste a Elías? ¿Él sabe que te fuiste a La Guaira? “Si, le dije que aprendiera a ser hombre y me fui”.

Comenzó a entrecortársele la voz y no pudimos hablar más. Yo no pude entrenar, no dejé de pensar en nuestra naturaleza, en la fábula del sapo y el escorpión, en que “las cabras siempre tiran pal’ monte”, en que a veces deseamos cosas y el universo se pasa de pana y no las concede y no sabemos aprovecharla; además de complejos somos malagradecidos ¿por qué el corazón no hace un esfuerzo y manda un bojote de camiones al cerebro para que entienda que ser amado está bien? ¡ser amado es lo normal! que debemos ser consecuentes con lo que queremos y mantenerlo.

Sigo con la tristeza de Mi Amiga la Prepago aquí entre el pecho y la espalda, es como un vacío que pesa y que me hace sentir miserable.

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Conocí a la familia de Mi Amiga la Prepago

“Una noche especial para gente especial” fue el título del grupo de WhatsApp en el que Mi Amiga la Prepago me metió con otras y otros más para invitarme a una cena en su nueva casa.

Desde la parrilla en mi casa no habíamos hablado, me imagino que se mantuvo ocupada disfrutando de todo lo que Elías, o mas bien la familia de Elías, tenía para darle.

Mi Amiga la Prepago y Elías son medio hermanos, el papá de Elías es el papá de Mi Amiga la Prepago sólo que la mamá de Mi Amiga la Prepago la alejó de él al nacer, y él hizo una nueva vida y tiene hijos, esposa, una manicería en Chacao y mucho dinero.

La cosa es que el papá de Elía y de Mi Amiga la Prepago les regalo un apartamento en Campo Alegre, ahora Mi Amiga la Prepago tiene otro apartamento en Campo Alegre (el primero se lo regaló Fortunato); “Pero Italiano este es tipo loft y es moderno y me siento en Nueva York”, por lo que organizó un Open House para que  lo conociéramos, es decir, para que ella nos pueda restregar los feliz que es. Ustedes dirán ¡Ay que envidioso!, yo conozco mi ganado.

Salí de entrenar y caminé hasta el nuevo loft, que es a tres cuadras del gimnasio y la llamé para que me bajara a abrir. Esperé como 15 minutos en la puerta, esperar es una injusticia; cuando bajó a abrirme pegó un gritó que despertó a todo Chacao “¡Ay que bello estás Italiano! Eres lo que me faltaba esta noche para ser totalmente feliz”.

Estaba demasiado gorda, la nariz tan ancha como la cara, el culote, las tetas, ésta no sólo dejó el gimnasio sino que abrió la boca.

Me manchó los cachetes de besos rojos en el ascensor y cuando entré al apartamento, espectacular no puedo negarlo, me presentó a toda su nueva familia.

Conocí a todos los árabes que estaban, no había nadie del gimnasio, me enseñó toda el apartamento, los adornos y sus precios, me hizo probar todas la comida que la suegra-madrastra había hecho y tomar varias copas de champagna. En unos de los pocos momentos que tuve para respirar Elías se me acercó y me dio las gracias por venir “Para La Negra era muy importante que vinieras” y me abstraí de todo lo que estaba sucediendo: ¿Por qué es importante para Mi Amiga la Prepago que yo haya venido? Somos amigos, pero no soy su mejor amigo, somos amigos del gimnasio. ¿Por qué todo gira en torno a mi y no a su barriga o al mega anillo de compromiso que tiene en el dedo? ¿Qué tiene que probarme Mi Amiga la Prepago a mi con todo esto? ¿Qué quiere demostrarme?.

“En qué piensas Italiano ¿Ya la champagna te hizo efecto?”, me sacó del trance. Comenzamos a hablar en un tono distinto al de la presentación a la prensa y se notaba cansada, ahogada: lo sabía.

Nos fuimos a su cuarto, Selene estaba durmiendo en la cama, la arropó y se le sentó al lado, con el culo ocupó casi toda la cama. Comenzó a decir muchas cosas que la pusieron triste: “Esta niña si me salió buena, ha tenido tantos papas y tíos y amigos míos que se me va a hacer monja de grande. Ahora Elías de papá y también Fortunato que no me habla y esta nueva casa y cambiar de cuarto y engordé y no voy más al gimnasio y todas estás árabes enseñándome a cocinar para servir a mi hombre ¡Yo sé cómo servir a un hombre! ¡Aqui en la cama es donde se sirven a los hombres! No en la cocina ¡Ay Italiano lo que me espera!.

Y la abracé fuerte por un rato y me recordé de la fábula del escorpión y el sapo en la orilla de un río: el escorpión le rogaba al sapo que lo cruzara al otro lado y el sapo no quería porque podía clavarle el aguijón a mitad de camino y matarlo, y el escorpión le decía que si lo hacía él también se iba a morir; al final cuando lo convenció y el sapo lo pasó, en la mitad del río le clavó el aguijón, entonces el sapo se volteó a verlo y le dijo qué porqué lo había hecho y el escorpión le dijo que lo hizo porque era su naturaleza.

Acepté un papel aluminio con un poco de dulces y cosas saladas que me dieron y me fui súper deprimido del loft, es como si Mi Amiga la Prepago me hubiese dado toda su tristeza para que me la llevara y la mantuviera hasta que ella pudiera tenerla de nuevo. Pensé en cuál era realmente mi naturaleza, obviamente no es ni similar a la de Mi Amiga la Prepago pero creo que compartimos algo.

Lejos de lo que a uno le gusta, privados de poder drenar nos volvemos unos salvajes; ahí es cuando Mi Amiga la Prepago se vuelve loca y manda todo a la mierda y se tira a cuanto hombre se le atraviesa.

No he dejado de pensar en ella, no he querido escribirle, estoy muy triste para hacerlo, estoy igual que ella: solo en medio de tanta compañía.

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Mi Amiga la Prepago conoce a mi familia

“Italiano llévame a tu casa, mañana Selena se va con la vecina a un cumpleaños y no quiero quedarme sola en la casa” me dijo Mi Amiga la Prepago mientras metía el culo, que ahora estaba más gordo, en la bicicleta reclinada, “Quiero conocer a tu mamá, a tu casa, y ver a cuantos de tus primos me tiré cuando trabaja en los centros hípicos.

“Está de suerte” le dije, “Mañana es el cumpleaños de un tío y harán una parrilla en mi casa”. Se emocionó y ofreció buscarme, me dijo que iba a llevar dulces y a vestirse decente; tenia tiempo que no la veía tan feliz.

Los entrenamientos, los entrenadores, los gritos, las jodas, los bailes entre las máquinas, incluso los hombres eran cada vez menos, y eso se le reflejaba a Mi Amiga la Prepago en la mirada: dejó de ser La Negra, sus acciones dejaron de cotizarse en la bolsa, ahora era una embarazada más, una más del montón, su libertad de había extinguido y nadie quería lanzar ninguna oferta.

Mientras evitaba los espejos y las superficies metalizadas que le devolvían a la nueva mujer que era, acariciaba como quien no quiere la cosa su barriga y yo recordaba lo que en el pasado decía de las que se dejaban vencer por un hombre, las que se confiaban, las que se creían el cuento de hadas; entonces recordé que una vez me dijo que “Los planes a futuro matan la libertad… que hay vivir el hoy con todo” y la vi con lástima porque sé que se dejó vencer, que ya no volvería jamas a ser la misma de antes y lo comprobé en la parrilla de mi tío.

“Señora mamá del Italiano ¿Qué haría usted si yo le digo que este muchacho que llevo aquí es su nieto?” así se le presentó a mi mamá y le dio una bandeja de dulces de Las Nieves (pastelería ícono de las familias italianas en Venezuela) “Le traje paticos de crema, colas de langosta, pastieras napolitanas y amarettos” mi mamá se puso roja como un tomate, agarró la bandeja y le respondió “Nada, qué voy a hacer, ¡Aceptarlo y quererlo! lo que hace la gente cuando Dios bendice a una familia con un nuevo bebé”.

A Mi Amiga la Prepago se le aguaron los ojos, soltó la cartera en un mueble y entró a la casa, se vio en el espejo de la sala y pasó a saludar a todos como si fuera parte de la familia; creo que por primera vez en su vida se sintió realmente en familia, olvidó quien era, la trataron como un ser especial y no como una Prepago.

Al terminar de comer me pidió que le buscara la cartera, sacó el celular y le escribió a Elías “Lo quiero todo. Todo lo que me prometiste para el bebé y para mi. Quiero que lo bauticemos a lo grande, puedes escoger el nombre”. Me pidió opinión y asentí con la cabeza, estar en familia la ha cambiado.

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Mi Amiga La Prepago y el Incesto

Las estructuras mentales pesan tanto como aquellas reales de vigas y cemento que construyen las ciudades. Desde el primer “No llores que ya te voy a dar la teta” nuestra cerebro comienza a cimentarlas.

Yo, al igual que millones de ustedes, me crié bajo negaciones que, aunque no buscaban limitarme, crearon en mi cabeza una estructura que poco a poco fue opacando cualquier idea liberadora.

Los curas, las profesoras y su caligrafía palmer, las monjas, el coordinador con el libro de vida, las madre abnegadas, los amigos, la familia… todos le ponen algo a esa estructura que cargamos y de la que nos volvemos esclavos respondiendo con nuestra manera de ser.

La mía por estos días no soportaba a Mi Amiga La Prepago; ya no encajaba su manera de ser en lo que soy, la aborrecía, me causaba ataques de ansiedad, me hacía sudar sólo con verla. Se había vuelto un antivalor para mi.

Me ponía bipolar: la amaba en ciertos momentos cuando quería ser como ella y de repente quería hacerle daño, la odiaba, quería vomitarle encima, insultarla, lastimarla, devolverle todo el daño que me había hecho pero entonces me daba cuenta que ella nunca buscó hacerlo, que fui yo sólo el que intentó medirla con mi vara, hacer que encajara en mi estructura mental, y con la excusa de que tenía que irme temprano a casa a seguir trabajando salía corriendo del gimnasio porque no podía seguirla viendo siendo feliz.

Hoy se puso una pantaleta que compró en Amazon y que le trajo una amiga, con un dildo plástico en la parte trasera que ayuda a abrirte el ano para poder tener sexo más placenteramente. “Es que el webo de Elías es gigante Italiano y si por delante me duele imagínate esta noche cuando le de el culo”. Me da asfixia, intolerancia auditiva, me generaba repulsión, la veía en cámara lenta mientras hablaba y quería lastimarla.

¿Cómo va a andar por la calle con un webo de plástico metido en el culo? ¡¿Cómo?!

La relación sexual que tenía con su medio hermano Elías se iba tornando emocional en la medida en que él le hacía regalos caros. El primer iPhone 5S de Venezuela se lo compró, tres relojes nuevos, zapatos y ropa de gimnasio de última tecnología, fines de semana en hoteles 5 estrellas.

“Me estoy enamorando Italiano, Elías me tiene danzándole el vientre todo el día” ¡No la soporto más! ¡Danzándole el vientre! ¿En serio?

¡Mi Amiga la Prepago no está enamorada de Elías! ni se va a enamorar; ella está enamorada de ella cuando está con Elías, de los regalos, de la vida que le da, de que le cuiden a Selena, de tener sexo fácil sin tener que hacer nada; per cómo se lo digo, quién soy yo para decirle que está viviendo una mentira y que cuando Elías se canse de ella va a volver a sufrir por Fortunato.

Guardo silencio, respiro profundo.

Esta noche Elías la alcanzó en el gimnasio y yo ahí lampareando, los veía con lástima-envidia-tristeza-ternura ¿no sé por qué me duele tanto que lleven una vida plena? ¿por qué no puedo aceptar que ella sea diferente a mi?

“Nos vamos italiano, le conté a Elías lo de la pantaleta con el dildo y se le puso durísimo” y se fueron corriendo.

Yo pensé que lo normal era enamorarse y trabajar por el amor juntos y las mariposas y las tarjetas y hacer el amor y eso… creo que estoy fuera de época.

Nada; hay que aceptar a los amigos y a las amigas Prepago, total fuimos nosotros los que los escogimos.

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El Papá de Mi Amiga La Prepago

Hoy llegamos al gimnasio un pelín más temprano que de costumbre, nos acompañaban todavía los últimos rayos del sol. Estacionamos en el sitio de siempre y fuimos por la acera hacía el gimnasio cuando unos gritos interrumpieron nuestros camino: “¡Dubraska! ¡Dubraska! ¡Dubraska!”.

Seguí caminando como si nada, yo no conozco a ninguna Dubraska pero un jalón me lo impidió. Volteo y descubro que un hombre había detenido a Mi Amiga la Prepago de la misma manera que ella a mi.

Era un señor mayor, como de 70 años, árabe, grande, con barba y barriga, me imagino que es el dueño de la manicería que está diagonal al gimnasio. Seguro conoce a Mi Amiga la Prepago de atrás, pensé; ella estaba temblando y respirando cada vez más rápido.

“Dubraska soy yo ¿No me reconoces? ¡Cómo me vas a reconocer si hace 30 años que no nos vemos! Soy tu papá, hija”. Me costó tragar, a Mi Amiga la Prepago también, me clavó las uñas en el brazo estaba a punto de sangrar. Dio un paso atrás y se le cuadró al señor. Se veían fijamente, no podía creer el parecido, eran dos gotas de agua, sólo que Mi Amiga la Prepago es negra.

“Tu mamá se encargó de torturarme por 30 años mandándome fotos tuyas hija.”

Mi Amiga la Prepago lo agarró por el hombro y le dijo “¡Ya va! ¿Cómo que hace 30 años? ¡Yo tengo 29!”. “¡No hija!” le dijo el señor “Tu tienes 30, naciste hace 30 años, lo recuerdo como si fuera ayer; me torturé todo este tiempo pero es que no podía dejar a mi familia, ya tenía dos varones y Dios me mandó dos más ¡Cómo te añoraba hija! Siempre me hizo falta mi hembra, te pensaba con las fotos que me mandaba tu mamá y traté de buscarte pero fue inútil, nunca te conseguí”.

Estaba en shock, Mi Amiga la Prepago volteó a verme y los nervios hablaron por mi ¿En serio te llamas Dubraska? ¿Ese es tu verdadero nombre? para cambiarlo en el celular. Me apretó más el brazo. “¿Él es tu esposo?” preguntó el señor. “¡No! ¡No! ¡No! él es el Italiano una amiguito del gimnasio” le dijo Mi Amiga la Prepago y me desclavó las uñas e intentó relajarse, se soltó el cabello y se echo brillo en los labios.

El señor no dejaba de verla, la miraba lindo, con los ojos aguados, con ganas de abrazarla. “¿Y tu qué eres hija? Siempre soñé con que eras médico o dentista o veterinaria y que te casabas y tenias unos morochos varones que llamarías Charbel, como mi Santo, y Aldo. ¿Estás casada hija?” el señor comenzó a ponerse controlador, Mi Amiga la Prepago estaba más nerviosa que yo; sacó de su cartera las tarjetitas de Amor Es… y le echó el cuento de su vida, le dijo que aunque tenía una hija llamada Selena, como la cantante, no estaba casada, pero que tenía un enamorado y le mostró una a una las tarjetitas que le mandó. Muy seria y distante pero intentando ser una buena hija. Mi Amiga la Prepago disfrutaba de la atención prestada.

Mientras esto pasaba yo saqué el celular para cambiar el nombre, valoré enterarme de esta manera, es una buena anécdota para contarle a la gente o twittearla. “No vayas a cambiar mi nombre, déjame como La Negra, nada de Drubraska, La Negra, ese es mi nombre”. Guardé el celular y el señor con su voz dulce le dijo “Entonces yo también te diré La Negra hija”. Ella suspiró.

Hoy no entrenamos; pasamos a la manicería y Mi Amiga la Prepago conoció a sus 4 hermanos, todos muy árabes: de nombre, físico y actitud. Estaban muy contentos aunque la veían con ganas de cogérsela. Nos sacaron unos pistachos y mientras se hacían preguntas Mi Amiga la Prepago me dijo al oído “Al mayor me lo tiré hace años ¡Cometí incesto Italiano!” y se me atragantó el pistacho. “Ya nos había conocido antes papá” dijo el hermano mayor “Entrenamos mucho tiempo juntos en el gimnasio”.

Será que entrenaste sobre el webo pensé en voz alta y todos se rieron de lo más natural. “Te ves fiestera hija, como una muchacha que le gusta las cosas buenas y andar por ahí alegre y divirtiéndose con todo el mundo” sumó el señor a mi comentario y Mi Amiga la Prepago volteó a verme “Cuidado y dices algo más porque te echo a Obama” todos se rieron y siguieron jodiendo; yo poco a poco fui abstrayéndome mientras veía las especies y los frutos secos.

Ya a unos pasos de la escena admiré el hallazgo de Mi Amiga La Prepago, era ya justo y necesario, a ver si sienta cabeza, si deja la loquera, si supera al otro Italiano. Volteó como para agarrarse de mi mano y no me consiguió, estaba ya en la puerta de la manicería; me despedí apurando el paso.

Mi Amiga La Prepago me alcanzó tomándome por los hombros “No cambies mi nombre en tu celular por favor, no me llamo Dubraska, ni Susana, ni nada, soy La Negra, tu negra, la negra de todos”. Me abrazó y se devolvió al altar donde la había montado su nueva familia.

Llegué al estacionamiento y vi su camioneta blindada, me asomé y descubrí tantas cosas como personalidades, un desorden de muchas mujeres que eran una mujer, una camioneta tan grande y pesada como un templo y que no era más que un control que Fortunato ejercía sobre ella.

Ya estaba bastante oscuro afuera y yo pensando en todas las amigas que había tenido con el mismo nombre: La Negra, cuantas veces había cambiado, cuantas personalidades había adoptado, una por webo, un personaje por hombre.

Yo siempre he sido el mismo: fácil de influenciar difícil de cambiar.

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El enamorado secreto de Mi Amiga La Prepago

Hoy descubrí la verdadera razón por la que Mi Amiga la Prepago comenzó a entrenar en la noche: Fortunato. Todos estos días pensé que era por mi, ¡que iluso!, pero esta noche cuando lo vi entrar con la espesa estéril al gimnasio le lancé a Mi Amiga la Prepago una mirada de odio y después la arrastré del brazo hasta una esquina con el objetivo de echarle un sermón.

“Antes de que me digas cualquier mariquera de libro de autoayuda te tengo que confesar algo…” me dijo Mi Amiga la Prepago y se puso de espaldas al gimnasio; de la lycra se sacó un poco de barajitas de Amor Es… “Mira Italiano, mira todas estas tarjetitas que desde hace dos semana me están dejando en el locker con una rosa amarilla…”, Me hizo revisarlas una por una, pavosas todas, empalagosas, noventosas, pasadas de moda. “Creo que es Fortunato…” me dijo con un seguridad de policía “…el día que comenzó a entrenar recibí la primera Italiano, y desde ese día todos los días las consigo con una hermosa rosa amarilla”.

Y nos incorporamos a las máquinas y seguimos entrenando mientras ella me hablaba, no la escuché, no pude, sus palabras eran una gran equivocación, su ilusión la cegaba y las prótesis de las tetas las acompañaba.

Entrenamos como unos adolescentes inmaduros, persiguiendo a Fortunato y a la esposa, se le ponía siempre en la máquina de al lado o del frente y hacía los ejercicios como teniendo un orgasmo y se tocaba las tetas y la totona y yo a punto de vomitar del asco. Nunca había visto a una mujer humillándose tanto. “Es él Italiano, el de las tarjetas anónimas es él” pero Fortunato ni volteaba, la esposa se paseaba de su brazo como si nada, la ignoraban tanto como Mi Amiga la Prepago ignoraba la verdad.

Pero ella se seguía tocándose y los hombres del gimnasio la piropeaban fuertemente:

¡Te pusiera una manzana en la boca para chuparte el culo y sacarte sidra!

¡Dime quién es tu depiladora para chuparle las manos!

Estás más apretada que los tornillos de un submarino…

¡Estás tan buena que te haría un traje de saliva!

Si fueses pollo te metería este palo pa’ hace’te suda’

¡No te lo vas a creer, pero yo hace 30 segundos era marico!

Qué bonitas piernas ¿A qué hora abren?

Bonitas lycras, quedarían muy bien en el piso de mi pieza

El médico me prohibió levantar cosas pesadas ¿me ayudas a mear?

Mira Negra si ya perdiste la virginidad ¿me podría regalar la cajita en la que venía?

No aguantaba la pena; no por lo que le decían, si no por el papel de cabrón que hacía estando a su lado. “Viste Italiano, todos me desean y Fortunato los está escuchando”.

Y si, él los estaba escuchando, me lo hizo saber en un momento en el que Mi Amiga la Prepago estaba de espalda en una máquina: “Llévatela chamo porque si no le caigo a coñazos, ella me parió una niña que es un angelito y anda aquí haciendo la puta”.

¿Y no fue eso lo que lo enamoró hace años? me pregunté, es el típico italiano, me recordó a todos mis tíos y primos, una cuerda de machistas hijos de puta. Me la llevé del brazo a la cafetería del gimnasio fingiendo que estaba mareado para que Fortunato se fuera, ella seguía apretando la totona como si nada y cuando fuimos a recoger nuestras cosas salió del baño con otra rosa amarilla acompañada de otra tarjetita pavosa.

“Viste Italiano, me la dejó antes de irse, volví a ser la mujer más feliz del mundo”.

¿Quién soy yo para arrebatarle la felicidad?

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Comencé a entrenar en la noche

Nunca entendí a esa gente de la universidad que se cambiaba al horario nocturno porque no soportaba el show de los alumnos del horario matutino, hasta ayer que me vi en medio de un poco de adolescentes que acaparaban todas las máquinas del gimnasio gritando, saltando y hasta bailando.

Estudiar en la Santa María nunca me pegó, es más, me divertía demasiado el show matutino de los estudiantes que iban a la universidad como si fuesen a Margarita; pero ¿showcitos en el gimnasio? el lugar en el que voy a drenar, no estoy listo para soportarlo.

La semana pasada sólo hice bicicleta; la máquina de cardio’ de los noventa que nadie usa. Sentado en una de ellas, al fondo del gimnasio, pasé las dos horas de entrenamiento mientras veía el fin del mundo: un poco de niñas queriendo ser mujeres, muchachitos levantando peso como si se fuesen a convertir en fisicoculturistas en un día; el período de vacaciones había comenzado y el resto de los que entrenábamos íbamos perdiendo terreno.

Mi Amiga la Prepago estaba desaparecida, el joyero judío la invitó a su casa a una orgía con “otras amiguitas de él” y cuando llegó se consiguió a 5 puticas “Que ni las tetas tenían echas Italiano y a las que después de cogérselas, una por una delante de mi, les pagó 2 mil y me mandó a pedirles un taxi. Me sentí súper mal Italiano no quise que me metiera ni un dedo, ya yo no estoy para esto chico”.

Creo que todo es culpa de la rutina. Cuando nos acostumbramos a algo, nos sentimos cómodos con el proceso, depositamos cierta cantidad de sentimientos en lo que hacemos y con quien lo hacemos. A Mi Amiga la Prepago a veces se le olvidad que antes de ser Prepago, ella fue mujer, y las mujeres son tan humanas como los hombres, y los humanos rutinarios le ponen el corazón a las cosas que hacen.

Se lo dije en un mensaje y no me respondió, la he estado llamando y me tranca: le duele. Hace un par de años que estoy a su lado y conozco sus movimientos. Mi Amiga la Prepago deposita en el hombre que se la coge más de 6 veces una serie de sentimientos que hace que se le olvide que sexo es sexo.

Pero bueno.

El viernes me levanté con la tolerancia en cero y decidí que no iba a entrenar más en las mañanas, así que fui al gimnasio en la noche.

Tenía miedo de comenzar de nuevo, en la noche no conozco a nadie y sin Mi Amiga la Prepago todo iba a ser muy difícil. Camino al gimnasio hice otro intento de comunicación con ella, le mandé un mensaje: “No soporto a los adolescentes calientes entrenando en la mañana, me cambiaré para la noche” le dije con la esperanza de que me respondiera con unas de sus patadas, pero nada.

Llegué al gimnasio y me sentí en casa: en la recepción estaba otra Gocha, está más amable y bonita que la de la mañana, en las máquinas pura gente adulta, todos con sus audífonos, muy serios, cada quien en su peo, los entrenadores eran otros, se veían más panas. Me cambié y fui a calentar a las caminadoras, puse en modo repetir la nueva canción de Marc Anthony Vivir Mi Vida y comencé a sudar. Ya en el segundo coro estaba soñando a pleno hasta que me jalaron el audífono derecho, me caí de la nube.

“¡Hola Italiano! ¿Me extrañaste?” ¡La madre que la parió! La frase que marcó un antes y un después en mi vida, se me aguaron los ojos, habían pasado dos semanas sin verla y estaba hermosa, la necesitaba.

“Si vas a llorar, llora de una, porque a penas me monte en la caminadora de al lado comenzamos otra vida, borramos toda las mierda de antes: al negro marico, a los portugueses, al mamawebo de Fortunato y su esposa infértil ¡a todos! soy otra Italiano, es más vámonos a hacer bicicleta, quiero cambiar de máquina hoy y cambiar de vida, hasta de marca de hilo cambié”.

Estaba sudando de la emoción y con taquicardia, la seguí y aprecié algo más noventoso que las bicicletas: unas extensiones que Mi Amiga la Prepago se había puesto que le llegaban al culo; se volteó y me dijo “¿Qué te parece mi melena? Una ayudaita mientras me crece nunca está de más”.

Que habilidad tiene la muy puta de reiniciarse una vez cada dos meses, y pensarán que es engaño pero no, su actitud era otra, sus ganas se habían renovado ¿Cómo hace?

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El secuestro de Fortunato

Todo tiene fecha de expiración, incluso las mentiras.

Un cacho, que es una mentira, puede que aguante por años escondido con la intención de no hacer daño; o como lo de Selena, la hija de Mi Amiga La Prepago y Fortunato, que en la familia de Fortunato creen que es hija legítima de su matrimonio; pero una mentira disfrazada de cachifa con otra buena intención, no iba a durar mucho, es como los espermatozoides que a penas caen en la superficie que no es, se mueren.

Hoy no fui al gimnasio, no puede, no dormí nada anoche. Mi Amiga la Prepago me llamó como a la 1am para darme una muy mala noticia: habían descubierto el parapeto en casa de Fortunato gracias a que, luego que lo secuestraron, Mi Amiga la Prepago lo encontró en menos de una hora.

La primera llamada de los secuestradores fue a las 9 de la noche, hora en la que regularmente Mi Amiga la Prepago, en su papel de cachifa, y con excusa de bajar la basura, se encontraba con Fortunato en los maleteros y echaban uno.

Fortunato nunca llegó por lo que Mi Amiga la Prepago subió arrecha al apartamento a buscar el celular para llamarlo. Cuando entró por la cocina se consiguió a la esposa de Fortunato llorando y hablando con la policía.

En cuestiones de minutos ya estaba toda la familia de Fortunato en el apartamento; el sueño de Mi Amiga la Prepago de conocerlos se había hecho realidad sólo que no era el momento perfecto.

“Yo lo que hice fue agarra a Selena y meterle una pastilla, la acosté y me encerré en el cuarto de servicio Italiano y recordé que un wirchito que yo me había tirado hace tiempo era el que estaba mandando en la banda que secuestra por aquí por Campo Alegre y lo llamé, el muy hijo de puta tenía a Fortunato y me volví como loca, le comencé a gritar…”, y entonces se dio cuenta que toda la familia, incluyendo a la mujer de Fortunato habían corrido al cuarto de servicio para ver que estaba pasando.

“Me quedé callada y fría, tenía la misma sensación de cuando me dijeron que había quedado preñada a los 15. La mujer de Fortunato se había transformado en un monstruo y me agarró por lo pelos y me sacó del apartamento por la puerta de servicio. Creo que escuchó las miles de veces que grité: me sueltan a mi marido ya y todas las estupideces que dije”.

A Selena también la sacaron por la puerta de servicio “Cosa que me arrechó como nada me había arrechado antes; es que ni ver como me lanzaba la ropa por la ventana me afecto”.

Fortunato llegó a los 15 minutos del show y se topó con ese peo prendido en calle. Mi Amiga la Prepago había llamado a una amiga para que la buscara y estaba esperando en la acera. Fortunato las alcanzó, las abrazó y luego las montó en el carro, “Me dijo una de las cosas más hermosas que nadie me ha dicho nunca Italiano: ‘Esta noche aclaro todo con mi mamá, ustedes no se merecen esto'”.

Amanecimos hablando por celular, Mi Amiga la Prepago no paró de llorar en toda la madrugada, no sé si fue porque al fin se acercaba su momento de ser feliz o porque la echaron a la calle como una gata ladrona.

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