Mi Amiga la Prepago en la Joyería del Centro Lido

Cuando estás próximo a obtener ese algo que vienes deseando desde hace mucho tiempo, la mente se relaja y le da paso a otros deseos. Somos unos inconformes, estamos accionando en botón “DESEAR” a cada rato y nos envenenamos de inconformidad; esa que nos lleva a hacer cosas que no creíamos capaz de hacer.

La repentina desaparición de Fortunato mantenía a Mi Amiga la Prepago aumentando centímetros de cintura, por lo que no se conformaba con hacer escaladora y máquinas, se metía en el spinning, TRX, bailoterapia, boxeo + las inyecciones de alcachofa con L-Carnitina que Fanta le ponía en el abdomen y las revolveras para hacerla sentir más flaca.

Nos encanta hacernos daño físico: auto flagelarnos en el gimnasio para drenar nuestras miserias, inyectarnos quemadores de grasa para desaparecer la ansiedad, hacernos la hidrolipoclasia, vacunterapia y carboxiterapia para sentir un dolor superior al que ya tenemos y olvidar que aún no tenemos lo que queremos.

Todo esto de Fortunato asomaba malas noticias; Mi Amiga la Prepago decía que todo lo del divorcio capaz lo tenía ocupado pero el realidad, al igual que todos los que la rodeábamos, sabía que el carajo se echó pa’ atrás y prefirió seguir teniendo una familia forzada a ser víctima del qué dirán.

Para olvidar todo eso no le quedó de otra que obsesionarse con un Mulco, “Pero no es cualquier Mulco Italiano, es el nuevo”. Mi Amiga la Prepago como buena Prepago los tenía todos: el de correa rosada con los piñones dorados, el azul claro de mica blanca con el trébol de brillanticos, el negro cuadrado con correa de cuero y detalles en cobre, el verde manzana de caja de titanio; no puedes ser Prepago y no tener un Mulco, ni una cartera Michael Kors, ni los hilos Victoria’s Secret, ni las diferentes aromas de Thierry Mugler: Angel, Womanity, Alien.

Todas en el gimnasio lo tenían, desde la Prepagos hasta las amas de casa más respetadas. “¡Ay es bello Italiano! Se llama Prix y es rojo como con banderitas de Fórmula 1”.

Hoy al terminar de entrenar se fue a hacer un depósito en el Centro Lido y lo vio en la vitrina de una de las joyerías del centro comercial. “Yo venía distraída Italiano y me llamó con el pensamiento, me volteé y lo vi, fue amor a primera vista. Yo sabía que costaba carísimo, pero igual entré, me lo merecía Italiano”.

Andaba en unas lycras blancas top verde fosforescente y chaqueta transparente. Preguntó cuanto costaba y no reaccionó cuando le dijeron que costaba Bs. 22.000 por lo que el vendedor, que además era el dueño, se vio interesado en la clienta. “Pensé en pasar un poquito de cada tarjeta de crédito, aunque me iba a sentir humillada y entonces le pregunté que qué formas de pago aceptaba y de repente me estaba cogiendo en 4 en la oficinita de la tienda Italiano…” grité un ¡Qué! que se escuchó hasta en Cagua “…fue un rapidito, bello el tipo, de buen cuerpo y un webote sabroso, hace tiempo que no tenia adentro nada tan potente. La oficinita era chiquita y me dio webo en todas la posiciones y sin quitarme la ropa Italiano, que buen polvo; sólo me medio bajó la lycra y me sacó las tetas del top ¡Qué buen polvo! volví a sentirme mujer. Echamos 3 y yo salí antes del mediodía con el Mulco Prix en mi muñeca izquierda Italiano ¿Qué tal?”.

Me mandó por WhatsApp una foto de la tarjeta en la que el judío joyero le había escrito “Ven a visitarme cuando necesites una joya que te haga más joya”.

Después del gritó que pegué no pude reaccionar otra vez, quería juzgarla, regañarla y maltratarla emocionalmente pero me había excitado tanto el cuento que preferí no hacerlo. Después de eso Mi Amiga la Prepago fue a buscar a Selena al colegio y de allí almorzaron con su mamá; a todas estas ella no se bañó, se fue llena de pecado como buena Prepago y con su nuevo Mulco en la muñeca.

Y uno aquí, en lo mismo.

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Mi Amiga La Prepago entra al tunel

No sé si es que en alguna vida pasada fui muy intenso o tal vez lo fui en el colegio y ahora mis reacciones siempre se quedan en lo superficial, en lo más externo de toda la situación, es como si no lograra, o inconscientemente, no quisiera ir más allá, más al fondo; por eso ayer cuando llegué a la sala de espera de la terapia intensiva del Hospital Universitario me bloqueé, comencé a evadir la realidad y a fingir que todo estaba bien.

Pero realmente nada lo estaba; y todos lo manifestaban con sus llantos desconsolados, ojos tristes y hombros caídos.

Todo el pasado, presente y futuro de Mi Amiga la Prepago estaba ahí, en ese pasillo con ínfulas de sala de espera, en el que todos esperaban por una señal que les devolviera las ganas de sonreír.

Los médicos entraban y salían de las puertas de terapia intensiva al mando de Fortunato, el papá de Selena (la hija de Mi Amiga la Prepago), quien hablaba por teléfono en italiano y español, y en paralelo cargaba a Selena y abrazaba con asco a la que imagino es la abuela.

Conocí a todos las personas que integraban los círculos en los que se movía Mi Amiga la Prepago: su familia más cercana, su familia de Puerto La Cruz, las mamás de la compañeritas de clases de Selena, las amigas Prepagos, las amigas de la peluquería, los maricos, los entrenadores, los policías, las fiscales de Corte Suprema, la manicurista, la que le vendía Avón; todas las personas para las que Mi Amiga la Prepago había estado (para darle una mamada, un consejo o una nalgada) hoy estaban ahí para ella.

Poco a poco todos nos unimos en una danza circular acompañada por unas Ave María que iluminaban ese pasillo ancho y tétrico por el que pasaban malandros balaceados, mujeres a punto de dar a luz y cadáveres.

Una de las veces que fui al baño escuché a Fortunato hablando por teléfono escondido: “No quisieron recibirla en ninguna clínica y la amiga puta, que la acompañó a operarse, la trajo para acá porque la tía es enfermera y le consiguió una cama… ¡No ya no la podemos sacarla porque está muy mal!  parece que le inyectaron algo equivocado para despertarla y le dio un paro y como la mierda esa en la que se operó no tenía terapia tuvieron que llamar a una ambulancia”. Cada palabra era como una puñalada, yo había venido inocentemente a traerle el dinero que le debía La Gocha del gimnasio y me consigo con esto.

Ni siquiera se me ocurrió comprarle unas flores o unos jugos o pasta seca; ni siquiera puede hablar con ella bien después de que me dijo que se iba a operar, se fue corriendo ¡Que cabeza dura! No me pude despedir y ahora, que capaz ya no la vea más, siento que no la valoré del todo.

Seguí ahí caminando y pensando en lo que iba a hacer mañana en el gimnasio, no podía caer en cuenta y sufrir la realidad, tenía miedo. No quería imagina a Mi Amiga la Prepago llena de tubos, quería recordarla sabrosona, divina, en lycras blancas y batiendo la melena.

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Mi Amiga La Prepago y el fin de la santería

Ser Prepago mas que un oficio es un estilo de vida que se traduce en la renuncia total a compromisos, rapidez de procesos y valorización de los mismos con el objetivo de sacar el máximo provecho.

Mi Amiga la Prepago, como buena Prepago, vive en extremo estado de libertad, sabe que técnica aplicar para que su cliente se venga rápido o en su defecto sacudírselo de manera veloz y obtener la suma más alta por su servicio.

Esta mañana mientras estiraba para comenzar a entrenar sentí una compañía conocida que se unía a la rutina, era Mi Amiga la Prepago. Seguía vestida de blanco pero ya no forrada trapos tejidos de estambre; una franela manga larga y unas lycras.

“¿Y tu padrino babalorisha?” le pregunté. “Le dio un esguince en el pie por andar inventando en las clases de spinning, está de reposo en la casa”. “¿Te coge bien? digo, renunciaste a un montón de vainas y como tiene pinta de pobretón, imagino que te coge muy bien”. “Si Italiano, para que mentirte, me coge muy bien y me habla mientras me lo mete; jugamos al mecánico, me dice ‘te voy a chequear el aceite’ y me mete la herramienta hasta el fondo y me lo mide; o al pastelero ‘te voy a rellenar ese pastel de crema’ y me da durísimo hasta que me deja bien rellenita”. “Me lo imaginé tal cual…” le dije “…es que tiene toda la pinta de esos machos que mientras te lo meten sacan la barriga y balbucean y te echan saliva, pero tienes pinta de que te gusta eso perrita incierta”. “Mira Italiano mamawebo perrita incierta es la mamá tuya ¡vamos a entrenar mijo! que tengo que devolverme a la casa a cuidar al negro”. “¿Por cuánto tiempo será tu negro?”. “Le falta poco Italiano, esto de ser santera me tiene loca, además que no entiendo como un santa puede negarme tantas vainas, me la paso con hambre y quesúa”.

Entrenamos amenamente por un buen rato, las lycras le devolvieron el sex appeal y los ojos de todos los que la deseaban con lujuria mañanera.

Mis ojos se sumaron al del resto de los hombres del gimnasio y mientras hacíamos abdominales me le quedé viendo fijamente, estudiándola de nuevo, descubriendo sus movimientos, analizando todas sus conductas y fue cuando me di cuenta que para ella todo es como un polvo: los hay rápidos, largos, divertidos, aburridos pero siempre terminan en un orgasmo, ese premio que te deja el sexo; y Mi Amiga la Prepago siempre se queda con ese premio, saber como obtenerlo en cada aspecto de su vida porque a diferencia de muchos, que nos preocupamos por darle placer a la otra persona, ella busca su placer y ya.

Me dio un piquito y se sacó el cabello del gorro de santera. “Me voy pa’ la casa Italiano, le voy a echar árnica en la pierna al negro para luego frotársela con la totona”. Solté una carcajada y unos minutos después me fui del gimnasio.

No logré iniciar mi película, ni tampoco darle a Mi Amiga la Prepago un personaje secundario, volví a lo mismo. Suspiré y sonreí con placer al saberla a mi lado, como siempre, como quiero.

Dedicado a los que seguimos apostando al amor.

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Mi Amiga La Prepago y la santería

“Antes de que me mires con tu mirada de juez y comiences a elaborar críticas malignas en tu cabeza que irás sacando por la boca mientras entrenamos quiero que me escuches, por eso te voy a vendar los ojos, sólo necesitas tener tus oídos activos y la boquita cerrada Italiano”.

Así me dio la Feliz Navidad y el Feliz Año Mi Amiga la Prepago, quien no dejó ni que volteara y me tapó los ojos con un trapo que olía como a gallina muerta.

Saludó a un par de personas que escuchaba cerca y mientras hablaba con ellos me dio la impresión de que durante su desconexión del iPhone y del BlackBerry la habían hecho que se tragara un Larousse porque hablaba muy educadamente; y es que a nadie le va bien cuando se desconecta de sus teléfonos.

Yo estaba lleno de emoción cuando pise el gimnasio esta mañana, les confieso, y ahora estaba sentado en un banco plano en una esquina y con miedo. Mi Amiga la Prepago me tomó las manos y comenzó con el cuento que minutos después me provocaría ganas de vomitar.

“Sabes que fui a Puerto a pasarla con mi familia y a desconectarme de este mundo lleno de pecado y perversiones”.

¿Mundo de “pecado y perversiones”?, “¡Verga!” grité para mis adentros, no puedo creer que Mi Amiga la Prepago critique eso cuando ella es la primera pecadora perversa.

“… a penas llegué allá Italiano un señor me vio bajarme de la blindada y se me acercó, me tomó de la manos como lo estoy haciendo contigo y me dijo que desde ese momento él se convertiría en mi padrino babalorisha porque un orishá le había hablado para que me guiara en la tarea de cumplir mi destino”.

Pegué un salto y me levanté del banco, me saqué el trapo de los ojos y fue cuando por fin vi a Mi Amiga la Prepago que estaba vestida toda de blanco: llevaba un gorro en la cabeza con todo el cabello recogido, un cuello de tortuga con las mangas largas, falda larga, collares de esos de santero y unas pulseras de plata.

“¡Marica te metiste a santera!” Le dije sorprendido y de un solo jalón me volvió a sentar a su lado.

“¡Oshún!, Italiano, la diosa de los ríos, la dueña del amor y del oro; la creadora del dinero, de la belleza, de la coquetería; la más bella de las orishás, la dueña de la miel le habló a mi padrino babalorisha y le dijo que se convertiría en mi santa. Y ahí mismo nos arrancamos para Sorte Italiano donde me hicieron un rito de purificación y me entregaron los cinco collares que tengo en cuello y que me mantienen conectada con mi espíritu, con mi destino, con las buenas acciones”.

“Ya va, ya va, ya va marica. Tu me estas diciendo qué te metiste de cabeza en ese peo, qué pagaste los 30 millones que creo que cuesta, que te mataron a una gallinas encima mientas estabas amarrada desnuda en el piso y un poco de negros te bailaban y te fumaban tabaco alrededor” le dije con miedo y alejándome de ella.

“¡Ay Italiano! contigo es imposible hacer nada, te dije que no me juzgaras chico, que no me vieras mal y es lo primero que haces”.

“Te juzgo y te veo mal porque es lo que me enseñaste a hacer. Tú fuiste la que me cacheteaba cada vez que armaba un show y ahora vienes en el año nuevo con este showcito barato tipo novela del 4 ¡No me jodas marica!”.

“¡Deja de decir groserías delante de mi!” me dijo Mi Amiga la Prepago mientras me tapaba la boca con fuerza animal “No vez que Oshún, mi santa, está conmigo y no me deja tener contacto con el mundo de la maldad y la banalidad”.

“¿En qué te convirtieron marica? ¿Qué coño te hicieron allá en Sorte? Es que mira hasta como hablas, pronuncias bien las palabras ¿A ti se te olvidaron los tubos, las despedidas de solteros, los entrenadores que te tirabas aquí en los baños del gimnasio, los hilos de plástico con sabor a fresa que usabas, las lycras transparentes… ¿A ti se te olvidó todo eso?”.

Se quedó unos segundo callada, me vio de reojo y se metió unos mechones de cabello dentro del gorro tejido como con estambre blanco, se subió la falda y me dijo “Yo este año me prometí un cambio y voy a cambiar, si tu vas a seguir en las mismas ese es tu peo” y se fue a las elípticas y se montó con la falda larguísima a hacer cardio.

Yo me quedé como ponchado recordando todo lo que le había pedido al Espíritu de la Navidad, al Universo, al Año Nuevo y viendo a Mi Amiga la Prepago convertida en una de esas santeras que yo veía tan mal en la calle.

Hicimos contacto visual por unos minutos y me gritó desde el otro lado del gimnasio “¡Italiano ven a sudar las hallacas que te comiste en diciembre chico! Mira que este año lo tenemos gratis aquí en el gym”.

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El regreso de Mi Amiga La Prepago

Y así como si nada, como si no hubiese estado 3 meses entrenando en otro gimnasio y haciendo uso de su memoria convenientemente selectiva, Mi Amiga la Prepago vuelve a nuestro gimnasio más estilizada que nunca, más solemne que nunca y sin ningún cuento entre dientes, no hay anécdotas, no hay chismes, no hay historias.

Mi Amiga la Prepago como buena Prepago es libre de cualquier atadura del ayer; ese es uno, que es esclavo del pasado.

Hace más de tres meses decidió irse a entrenar con Richard Linares en el gimnasio de Macaracuay bajo las influencias de Diosa Canales, su “amiga” del alma; se repotenció, eso si, está más divina que nunca, volvió a bailar junto a Diosa en sus espectáculos, se llenó de razones para ser “feliz” pero creo que nunca lo logró.

Allá, en el otro gimnasio, en el mundo real de las nuevas Prepagos, era una más; aquí es La Negra, nuestra Negra, Mi Amiga La Prepago. Cruzó las puertas de vidrio eléctricas del gimnasio y volvió a recuperar todo lo que era, todo lo que la hacia La Diosa de este gimnasio. Todos los hombres la volvieron a ver con deseo, todas las mujeres a odiar con la misma fuerza.

Yo estaba haciendo mis reglamentarios 45 minutos de escaladoras cuando sentí que me quitaron los audífonos; era ella: “¡Buenos días Italiano! ¿Me extrañaste?” Siempre el mismo saludo, la misma pregunta, el mismo inicio de todos los ciclos.

La miré, sonreí y de su boca salió una frase que me hubiese encantado grabar para escucharla después de cada uno de los desaires que me hará en el futuro: “Yo si te extrañé Italiano y bastante”. Fue, de nuevo, amor a primera vista.

Dedicado a Irene y a todos aquellos que retornan a casa como si nada hubiese pasado.

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