El Show del Amor

Las caminadoras y demás máquinas de cardio están en el segundo piso del gimnasio. Frente a ellas, además de varios televisores pantalla plana, hay ventanales a través de los cuales se ve la calle.

Mientras los atletas calentamos, sudamos, ejercitamos o drenamos vemos a la vente pasar por delante del gimnasio. Es una de las calles más transitadas de Chacao; la gente va y viene como si no estuviéramos allí; son felices en su pasar o tal vez nos ignoran. Siempre tengo el mismo sentimiento hacia los transeúntes que acompañan mis 45 minutos diarios de caminadora: envidia. Ellos caminan hacia algún lado sobre el asfalto, yo camino sobre una tira de caucho hacia ninguna parte.

Hoy, luego de 36 minutos sobre la escaladora mirando la gente pasar me sorprendió un gran regalo envuelto en un papel fucsia que iba siendo arrastrado sobre una base por 4 chamos. Todos los que estaban en la sala detuvieron sus ejercicios y corrieron a asomarse. El regalo media más de un metro y medio.

No me detuve para asomarme, seguí sobre la caminadora intentando sorprenderme; me detuvo un grito de Elías, que después de salir de detrás del regalo me pidió que lo acompañara a llevárselo a La Negra para que la hiciera cambiar de parecer.

Gritaba desde el otro lado de la calle, le pedí que me llamara al celular porque me parecía una falta de respeto andar gritando.

“Entonces Italiano ¿bajas y me acompañas? Neceito tu ayuda”.

– No Elías, no voy a dejar de entrenar para acompañarte a hacer un show; La Negra no quiere más regalos, quiere tu webo ¿Cuándo lo vas a entender?.

“La Negra quiere abortar Italiano y me quiere dejar ¡Ayúdame por favor!”.

– La Negra te está amenazando porque está desesperada, quiere que te la cojas bien.

Me trancó y siguió. Seguí entrenando como si nada hubiera pasado y al salir descubrí un mensaje en WhatsApp de Mi Amiga la Prepago: “No tenías porque ayudar a Elías con este show del regalo, ya la decisión está tomada”.

Suspiré. No le respondí.

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